La UPV y la máquina del fango
El arte de la política en los últimos tiempos se está alejando de lo que es el arte y, como en el País Valencià, está discurriendo deliberadamente por terrenos resbaladizos de barro y fango. El último capítulo ha tenido lugar el martes de la pasada semana, cuando nos hemos levantado con una noticia un tanto sorprendente, que no suele ser habitual que se produzca en los estamentos universitarios.
Así, ante las próximas elecciones al rectorado de la Universidad pública del País Vasco, uno de los acólitos de la candidatura continuista presidida por Eva Ferreira, escondido tras el anonimato de un trol, ha estado vertiendo improperios y calificativos de poco gusto sobre la persona que encabeza la otra candidatura, José Ramón Bengoetxea.
Estos descalificativos han sido muy variados. Desde airear su pasada militancia política, como si un cargo universitario no pudiera tener ni ideología ni filiación política pasada o presente; o querer denigrarle considerándolo cercano a la izquierda abertzale, táctica rastrera y sin sentido que ha sido empleada durante años por un sector de la derecha españolista más caduca para descalificar cualquier alternativa sociocultural y política.
En este proceso electoral parece que una de las partes quiere evitar cualquier debate o discusión en torno a proyectos, ideas o propuestas de calado que modelen esta institución del saber y marquen su porvenir. De este modo, Eva Ferreira quiere evadir cualquier debate público y no está dispuesta a confrontar ideas con José Ramón Bengoetxea en ningún foro o medio de difusión. ¡Como si las cuestiones de la Universidad Pública Vasca no nos interesaran a la ciudadanía!
Quizá sea porque, si no recuerdo mal, el año pasado la señora Ferreira tuvo un curso atropellado con dos huelgas del profesorado de por medio, que vinieron a airear la situación precaria en la que se encontraba buena parte de este colectivo. Una universidad que se precie, si quiere encontrar el relevo que garantice una excelencia futura, no puede remunerar al personal sustituto con salarios de miseria cercanos a los 800 euros.
Pero, quizás y solo quizás, esto sea un tema intrascendente para la rectora actual y su equipo, más centrados en difamar a su contendiente que en solucionar los problemas sociolaborales y estructurales de esta institución. Ojalá me equivoque, pero el tiempo transcurrido y los hechos acontecidos, no dejan lugar al optimismo, pues el diálogo que tanto promete en campaña ha sido nulo y el equipo rectoral no ha movido un ápice su posición, sino echando barro.