Escritor
La vanidad en el ejercicio político

Hace ya algún tiempo que, en el discurso del PNV, no hay novedad alguna, sus contenidos son de sobra conocidos, pero es en las formas donde me está sorprendiendo.

26/05/2020

No es fácil gobernar, como tampoco es fácil llegar al gobierno. Los que llegan «arriba», y una vez en el vértice de la pirámide, deben aprender que, la inercia, el ritmo que impone el propio órgano de dirección, hacen que, los propios protagonistas prioricen los resultados «casi» prescindiendo de los condicionantes, mientras desde fuera se incide en los errores.

En el ejercicio de la política, máxime en los órganos de dirección, se sabe que no es posible acertar siempre, a pesar del apoyo de los magníficos equipos asesores. Aunque no puede ignorarse que, si quienes tienen la última palabra, carecen de los conocimientos y formación necesarios, el riesgo al error se magnifica.

Con este inicio pretendo situar al lector ante las posibilidades reales de éxito, a las que se enfrentan aquellos que dijeron «sí» cuando les ofrecieron la posibilidad de trabajar en el ejercicio de la política.

Lo normal suele ser que quienes llegan a los órganos de dirección, tengan un bagaje de experiencia adquirida, que les permite realizar la labor que se les exige con cierto decoro, pero eso no es suficiente. Y no es suficiente, porque las responsabilidades que se asumen -tanto de grupo como personales- pueden adquirir dimensiones extremadamente complicadas, que inciden directamente en la sociedad, y en esas condiciones, hay que hilar muy fino.

A partir de estos tres párrafos no es difícil llegar a la conclusión de que, en política debieran ejercer los mejores, porque de no ser así, de no captar a los mejor preparados –ante situaciones como la actual–, observamos cómo, los dirigentes piensan más en sus intereses personales y partidistas que en el bien común. Es decir, aquello que en su entorno les han enseñado.

De ahí viene el que el pasado mes de marzo, el gobierno del PNV tomase la iniciativa tarde, como con desgana, valorando el impacto en la economía. Mientras la «salida» que protagoniza está siendo rápida –por la misma razón– incluso solapándola con la pérdida de autonomía.

Tienen razones sobradas para actuar de ese modo, no debiera olvidarse que el PNV, es la única organización política de la CAV que cuenta con el apoyo de las organizaciones empresariales, lo que, en las contiendas electorales, supone una ventaja «de salida» muy considerable.

No será fácil que las organizaciones políticas modifiquen los hábitos que hasta ahora les han servido para «progresar», pero lo cierto es que hacen falta dirigentes con inteligencia, empatía y honestidad, y créanme, no hay mucho donde elegir.

Para que surjan gobernantes con las características citadas, también hay que saber elegirlos, y eso sólo puede conseguirse con una regeneración social basada en la educación. Una sociedad que sepa primar el esfuerzo y la excelencia. Sin olvidar la imprescindible colaboración de los medios que informen anteponiendo la realidad a sus intereses ideológico-económicos. Pudiera parecer pura entelequia, pero ese es el camino.

Hace ya algún tiempo que, en el discurso del PNV, no hay novedad alguna, sus contenidos son de sobra conocidos, pero es en las formas donde me está sorprendiendo. Se les observa incómodos, rígidos, como si el sastre no les hubiera tomado bien las medidas. Además, es evidente que tienen prisa, no escuchan y miran con recelo. Desde aquí les recomiendo la lectura del filósofo griego Sócrates. A él se le atribuye la frase: «Habla para que yo te conozca».