Anne Garayoa, Silvia Gómez, Pilar Maravi, María Santos, Chus Rosado, Laura, María, Paula, Elle, Iris, Ana, Cristina, Leyre, Maite, Leticia, Leyre, Ana, Sonia, Ana Isabel, Edurne y Arantxa
Activistas feministas abolicionistas

¿Luz abolicionista al final del túnel neoliberal?

Este 8M ha marcado un punto de inflexión en Pamplona. Por primera vez el movimiento feminista ha salido dividido a las calles. Por un lado, en su convocatoria habitual, la tradicional manifestación convocada por el «Movimiento Feminista de Iruñerria» y por otro, la concentración abolicionista impulsada por la Coordinadora 8M de Euskal Herria.

Esta división ha generado mucho debate y numerosas críticas: se ha cuestionado la decisión de salir separadas; algunas voces han manifestado que debemos permanecer unidas, mientras que otras, acusan a la Coordinadora 8M de Euskal Herria de promulgar ideas antifeministas.

Lejos de querer entrar en una rueda de acusaciones y reproches entre unas y otras, queremos abrir espacio para facilitar la comprensión de los distintos discursos que tenemos hoy, invitando a la reflexión y escucha crítica, y no a reacciones precipitadas basadas en prejuicios o desinformación. Debemos tener claro que, aunque no compartamos todos los argumentos o posiciones, como mujeres atravesamos experiencias comunes que no desaparecen por nuestras diferencias en el análisis político. Puede parecer obvio decirlo de esta manera, pero no deberíamos perder esto de vista, porque cuando el debate se convierte en una lucha de egos, el sistema gana y las mujeres perdemos.

Para muchas de nosotras el 8 de marzo ha dejado de ser un espacio donde se defienden reivindicaciones feministas que consideramos irrenunciables, y llevamos años acudiendo a esa convocatoria con una sensación incómoda, de desencanto y sobre todo de frustración, empujadas por una especie de deber moral, coherencia política y respeto a aquellas mujeres que lo han hecho posible o que ya no pueden ir.

Es duro saberte feminista y darte cuenta de que en lo que debería de ser un espacio de lucha y reivindicación política feminista no se nombran las formas de violencia y de desigualdad más crudas y brutales que vivimos actualmente las mujeres. Bajo nuestra perspectiva, el 8M no debería representar una fiesta alegre acompañada de música y baile, al contrario, contemplamos esta fecha histórica como un espacio en el que exigimos al mundo que escuche, tome partido, mire de frente esas violencias y desigualdades, las identifique y deje de ignorarlas deliberadamente.

La diferencia entre el feminismo radical abolicionista y el neoliberal, reside principalmente en las diferencias que tenemos en la forma de entender la opresión y la violencia contra las mujeres, y también, sobre qué respuestas políticas y sociales consideramos necesarias para abordarlas. El feminismo abolicionista analiza la raíz y el origen de la opresión y la violencia contra las mujeres, y desde esta perspectiva, entiende que la prostitución, los vientres de alquiler, la pornografía y el género son formas de opresión y violencia contra las mujeres que perpetúan la desigualdad, y que por ende hay que erradicar.

Es por esto que la coexistencia de dos convocatorias tan diferentes este año en Iruña no es menor ni anecdótica, pero sí desconocida por muchas y muchos. La sociedad en general desconoce la base teórica feminista, y por tanto, desconoce su fundamentación, su recorrido histórico, a sus autoras, su análisis crítico, sus investigaciones y su agenda política. Si el feminismo no se estudia con rigor y no está presente como una constante ni de manera estructural y transversal dentro del sistema educativo es fácil que la sociedad llegue a determinadas movilizaciones o repita ciertos discursos sin conocer realmente qué está defendiendo. Tenemos claro que cuando el conocimiento falta, el debate se empobrece y los mitos se perpetúan. Lo estamos observando hoy mismo con el auge de la ultraderecha.

En este contexto resulta especialmente preocupante el tono que ha tomado el debate en torno a este 8M. En un comunicado firmado por un centenar de asociaciones de todo Euskal Herria se acusó a las organizaciones abolicionistas de la Coordinadora 8M de E. H., entre otras muchas cosas, de ser «putófobas». Un término que además de estar muy lejos de la realidad, busca desacreditar y expulsar del debate a quienes defendemos la abolición de la prostitución, entre otras.

Pero lo que desde el abolicionismo se plantea no es una cuestión de opinión, sino un análisis feminista con más de un siglo de recorrido: desde las primeras reflexiones abolicionistas del siglo XIX sobre la prostitución hasta los desarrollos teóricos del feminismo radical en la década de los setenta.

De hecho, la propia legislación navarra reconoce la prostitución como una forma de violencia contra las mujeres. La Ley Foral 14/2015 para actuar contra la violencia hacia las mujeres incluye expresamente la prostitución y la trata con fines de explotación sexual dentro de las manifestaciones de la violencia machista.

Además de lo expuesto previamente, contamos con los datos de una encuesta realizada en 2024 por el Ministerio de Igualdad en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que se basa en 10.019 entrevistas que valoran la percepción social sobre la pornografía y la prostitución, dejando muy clara cuál es la tendencia: el 71,6% de la población considera que la pornografía fomenta la violencia contra las mujeres, el 77% cree que distorsiona las relaciones sexuales y el 85,2% rechaza que sea una forma saludable de explorar la sexualidad. En relación con la prostitución, el 68,8% de la población considera que es una forma de violencia contra las mujeres, el 75,2% cree que la mayoría de mujeres en prostitución son víctimas de explotación sexual y el 75,6% rechaza la idea de que sea «un trabajo como otro cualquiera».

Decir hoy que la prostitución es simplemente un trabajo más resulta indefendible e intolerable. Hablamos de una industria que convierte a las mujeres en objetos de consumo, deshumanizándolas y mercantilizando sus cuerpos para satisfacer deseos sexuales masculinos previo pago, deseos asumidos siempre como un derecho por «urgentes e incontrolables». Hoy sabemos, que esta es una industria multimillonaria basada en un sistema de dominación y violencia despiadada que se sostiene sobre la desigualdad económica y la vulnerabilidad extrema de miles de mujeres. Una industria criminal que se posiciona como una de las más lucrativas del mundo, llegando a obtener solo en Europa un beneficio anual de 3 mil millones de dólares al año según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

Por otro lado, desde el feminismo radical el género no se entiende como una identidad que cada persona elija, sino como un sistema de normas, roles y estereotipos que la sociedad impone en función al sexo con el que se ha nacido.

Todos y todas vivimos en ese sistema y en la idea de que hay cosas de chicos y cosas de chicas, formas correctas de comportarse, de vestir, de hablar o de estar en el mundo según seamos hombres o mujeres. Sobre estos estereotipos se construyen las desigualdades que tanto daño nos hacen, perjudicando de manera desproporcionada a las mujeres, pero también a los hombres.

Cuando desde el feminismo radical hablamos de abolir el género, hablamos precisamente de acabar con este sistema de mandatos. De construir una sociedad en la que no existan expectativas distintas para niños y niñas, y en la que las personas puedan desarrollarse libremente sin tener que encajar en roles impuestos por el hecho de haber nacido hombres o mujeres.

Como feministas también sabemos que posicionarse tiene un coste. Sabemos que existe miedo al señalamiento, a las etiquetas y a ser expulsadas de determinados espacios. Este coste se hace evidente al ver por nuestra ciudad pegatinas y mensajes de señalamiento y ostracismo como el ya clásico «kill the terf» o el novedoso «terfak gure auzoetatik at». Es sorprendente y preocupante comprobar una y otra vez cómo la sociedad es capaz de normalizar y aceptar tal violencia contra las mujeres que no piensan como dicta la mayoría.

Sabemos también que muchas personas acuden cada 8 de marzo a la manifestación convocada por la plataforma tradicional sin conocer realmente qué posiciones políticas se están defendiendo allí. En muchos casos se acude porque es «la de siempre», porque es el espacio más visible o porque cuestionarlo y posicionarse implica exposición y la posibilidad de tener que confrontar otros discursos, algo que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Pero cuando el feminismo no se estudia y no se conocen sus debates, su historia y sus corrientes, es fácil acabar coreando consignas o escuchando manifiestos sin haber reflexionado realmente sobre lo que implican. Es una lástima que no podamos porcentualizar cuántas de las asistentes a la manifestación «oficial» desconocían y desconocen la propuesta abolicionista real y no la interesada caricatura que han mostrado en general los medios de comunicación.

Por todo ello, la existencia de una convocatoria abolicionista este 8M en Iruña no debería entenderse como una simple división, sino como la expresión de debates que llevan años existiendo dentro del feminismo. Debates que, hasta ahora, apenas habían tenido espacio para mostrarse con claridad en las calles.

Para muchas de nosotras, este año ha significado algo importante: poder encontrarnos en un espacio donde nombrar sin ambigüedades las violencias y desigualdades que vivimos las mujeres y que consideramos centrales dentro de la lucha feminista. Un espacio para que aquellas personas que desconocían la convocatoria abolicionista pudieran escuchar con curiosidad e incluso llegar a aplaudir reflexiones y propuestas que quizás no habían pasado por su mente. Un espacio donde reivindicar con la sensación de que aquello por lo que seguimos luchando también tiene lugar.

Lo que ha ocurrido este año en Iruña es un primer paso y la prueba de que hay muchas feministas que sienten la necesidad de abrir este debate y de recuperar un feminismo que nombre con claridad la raíz de la opresión que seguimos sufriendo las mujeres.

Creemos que la fuerza de nuestros argumentos es tal que el rechazo solo es posible desde la desinformación. Nosotras somos abolicionistas, ¿y tú?


Podéis enviarnos vuestros artículos o cartas vía email a la dirección iritzia@gara.net en formato Word u otro formato editable. En el escrito deberán constar el nombre, dos apellidos y DNI de la persona firmante. Los artículos y cartas se publicarán con el nombre y los apellidos de la persona firmante. Si firma en nombre de un colectivo, constará bajo su nombre y apellidos. NAIZ no se hace cargo de las opiniones publicadas en la sección de opinión.

Search