Elias Anton Murgiondo

«Mugaren bi aldetan...

... da Euskal Herria». Y esa es la cuestión, ya lo cantaba Labegerie en tiempos jóvenes y nosotros lo seguíamos, con ilusiones nuevas ante un despertar voluntarioso y rebelde. Era una canción que abría futuro, era un soplo de aire nuevo, era el «Gu gera Euskadiko gaztedi berria...». Que soportaba la clandestinidad y forjaba las alianzas y la solidaridad. La dictadura fascista perseguía sin piedad cualquier muestra de rebeldía en el sur de Euskal Herria, en tanto que en Iparralde ondeaba la ikurriña sin problemas y ello era motivo para visitar sus pueblos y comprar los discos que nos situaban en el lugar correcto como país dominado pero no vencido.

Dos Estados que engullen a un pueblo que tiene su razón de ser y que después de ser bombardeado y vejado, sometido y vilipendiado, se va levantando contra las barreras de la imposición y renueva sus ansias de lucha para lograr la libertad. Son tiempos difíciles, donde la República Francesa ofrece asilo y modernidad contra la represión y la barbarie de la Dictadura de Franco y sus aliados, donde cualquier muestra de identidad propia es negada, donde el euskara es prohibido, donde las cunetas y las cárceles son la amenaza alternativa que el requeté-falangismo ejecuta.

Sin embargo, algo comienza a surgir entre mugas y barreras divisorias, donde los puentes y los montes son cruzados para lograr encuentros, para hermanarnos y reconstruir relaciones que el colonialismo ha ido rompiendo a través de los diferentes sometimientos, siempre buscando la despersonalización ejecutada por diferentes medios: violencia extrema franquista o imposición de guante blanco por parte republicana gala.

El amor a las tierras vascas forma parte del alma generacional de los tiempos del despertar rebelde y así comienza un nuevo futuro, un grito agudo contra la barbarie, una búsqueda de objetivos para la defensa de la tierra, de la nación vasca, con una juventud valiente, contestataria y reivindicativa, abriendo caminos para la confrontación y buscando alianzas para responder a la permanente agresión del régimen asesino e ilegal que no dudó en abrasar con fósforo blanco Gernika para matar con crueldad a un pueblo valiente. El terrorismo comienza con la invasión y dominación por parte de las monarquías y el fascismo conquistador e impositor; las formas de respuesta generadas a través de la historia son medidas de autodefensa contra la agresión y el genocidio, cuestión que ahora se airea de forma torticera y victimista, ignorando el derecho a la autodefensa y el respeto a la libertad. Porque Franco fue un dictador cruel, pero Franco venció apoyado por los franquistas, por los asesinos colaboracionistas y por toda esa caterva reaccionaria que aún, hoy, se asoma a los púlpitos del negacionismo y la añoranza de la eliminación física del contrario: cientos de miles de muertos víctimas del terrorismo fascista.

Así cantaba Labegerie: «Hemen dela España, han dela Frantzia, mugaren bi aldetan da Euskal Herria. Gu gira Euskadiko gaztedi berria, Euskadi bakarra da gure aberria». Así responde hoy el Pueblo Vasco, reclamando sus derechos, peleando por su reconocimiento y su historia, defendiendo su idioma y su cultura, buscando el autogobierno para romper las cadenas de la dominación, intentando el diálogo para el entendimiento y la cooperación, en definitiva, para ser libres y respetados, lejos de la agresión colonial impositora de España y Francia. El ente dominante busca fórmulas para distraer y mantener el control de nuestra nación, ofreciendo autonomismo como señuelo de libertad, pero manteniendo todas las medidas de control vivas y activas (ejército, policía, judicatura, etc.), donde el regionalismo ejerce de árbitro unificador y mantenedor del poder centralista. El «café para todos» de la España reformista está aguachinado, no sirve para el paladar de las naciones presas y va siendo hora de soltar amarras y autodeterminarse. Si alguien quiere continuar con la dependencia tiene derecho a hacerlo, como el que quiera abandonar la tutela impuesta debe tener derecho a la libre expresión, es decir, al derecho a la autodeterminación por medio de la libre consulta. Los vascos del norte y del sur hemos demostrado que las fuerzas pro-ocupación son minoritarias y que los soberanistas somos absoluta mayoría en estos tiempos nuevos, cuestión que en nada incumbe a la españolidad (ser español es un derecho y el ser vasco también), lo cual debiera servir para tapar bocas impositoras y decisorias sobre nuestra libertad, a pesar de las injerencias perimetrales del unionismo grosero.

En estos tiempos nuevos acuden a mi mente recuerdos de compañeros que han peleado y ya no están, recuerdos deudores de sus aportaciones y entrega, de su generosidad y solidaridad, cuyos nombres conforman una larga lista (Tomás Alba, Txabi, Arregi, Txiki, Otaegi, Galdeano, Santi, Josu, Jokin, Jon, Txomin, Beltza, Eskumotz, Tigre, Goenaga, Arizaleta, Balduino, Robert, Trepa, Telesforo, Isasi, Gerardo, Peru, Stein... y muchos más) que me importan y que han sido compañeros sufrientes del terrorismo previo, del terrorismo de estado que se camufla conscientemente para manipular el comienzo de la agresión.

Por ello, para todos ellos y ellas, el reconocimiento a su militancia y compromiso para con Euskal Herria, sin olvido ni perdón, porque la agresión comienza con la imposición y la conquista, con la tortura y el asesinato, con la negación de la libertad y los derechos democráticos que a toda nación corresponden.

Por ello, el próximo 23 de noviembre nos reuniremos en Bilbo de forma mayoritaria, con ilusión y compañerismo, para demostrar nuestra existencia y los deseos de libertad que nos corresponden, con el objetivo de Nazioa gara-Somos nacion. Llenaremos las calles y gritaremos la ilusión, para que nos oigan quienes distraen sus objetivos con uniones agresivas y fraudulentas. Gora herria!

Euskal preso politiko eta iheslariak etxera!

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