Nabarra: sometida nunca, ocupada siempre
Mientras en España se suceden los discursos sobre unidad nacional, democracia y modernidad, hay un pueblo que resiste con firmeza desde hace siglos: el pueblo nabarro. Nuestra nación, Nabarra, no es una invención reciente ni una región que deba su existencia a la construcción de España. Al contrario: Nabarra es anterior a España, anterior a la conquista romana, anterior incluso a los reinos medievales que moldearon el mapa europeo.
Mucho antes de que el Imperio romano extendiera sus fronteras a la Península Ibérica, los vascones −nuestros ancestros− ya ocupaban el amplio territorio que después sería injustamente dividido en provincias como la Tarraconense o la Novempopulania. Estas divisiones, diseñadas desde Roma, respondían únicamente a la lógica imperial de controlar los territorios, sin ningún respeto a las realidades culturales, lingüísticas y políticas de los pueblos indígenas.
La provincia Tarraconense abarcaba gran parte del noreste peninsular, extendiéndose de norte a sur de forma artificial. Mientras tanto, en la vertiente norte de los Pirineos, los romanos crearon la Novempopulania, reconociendo la existencia de poblaciones diferentes −los aquitanos− pero igualmente sometiéndolos a su sistema colonial.
Roma, con su arrogancia, nombró «Hispania» al conjunto de la península, unificando bajo un mismo término la diversidad de pueblos libres que habitaban en ella. Pero los vascones no fuimos «hispanos» por voluntad propia: fuimos vascones antes, durante y después de Roma.
Tras la caída del Imperio romano, lejos de disolverse en el caos como los romanos esperaban, los vascones reorganizaron sus estructuras políticas. Primero con el Reino de Sobrarbe, luego con el de Pamplona, y finalmente con el Reino de Nabarra, consolidado como una de las entidades políticas más antiguas y legítimas de Europa.
Nabarra no fue una «comarca» ni una «provincia» bajo un rey extranjero: fue un estado soberano, con su propio derecho, su lengua y su identidad. Hasta que fue invadido, troceado y ocupado en diferentes etapas que van desde el siglo XI hasta el siglo XVI por los reyes de Castilla y de Francia, apoyados por intereses vaticanistas, mediante la violencia, la traición y la manipulación.
En el siglo XIX, mediante la llamada «Ley Paccionada», España completó la absorción de lo que quedaba del Estado de Nabarra, incluyendo territorios que hoy se encuentran fragmentados entre Navarra, la actual Comunidad Autónoma Vasca, La Rioja y Aragón. Esta anexión supuso la anulación de su hacienda propia y de sus derechos históricos, en un acto nulo de derecho, firmado bajo coacción, que jamás podrá ser legitimado.
Hoy, Nabarra sigue sufriendo la ocupación. España y Francia, potencias coloniales disfrazadas de democracias modernas, mantienen tropas, policías y administraciones ajenas en nuestro territorio. Promueven la colonización cultural, la manipulación histórica y el vaciamiento identitario, buscando borrar siglos de existencia vascona.
Muchos españoles enarbolan su bandera sin entender −o sin querer entender− que no todos los que vivimos bajo su dominio compartimos su proyecto nacional. Los nabarros no somos españoles ni franceses: somos nabarros. Y exigimos el derecho a recuperar lo que nos pertenece: nuestra soberanía plena, nuestra memoria y nuestra dignidad como pueblo libre.
Porque un imperio, una república o una monarquía impuesta sigue siendo una ocupación.
La dignidad de un pueblo no se negocia: se recupera, se proclama.
Podéis enviarnos vuestros artículos o cartas vía email a la dirección iritzia@gara.net en formato Word u otro formato editable. En el escrito deberán constar el nombre, dos apellidos y DNI de la persona firmante. Los artículos y cartas se publicarán con el nombre y los apellidos de la persona firmante. Si firma en nombre de un colectivo, constará bajo su nombre y apellidos. NAIZ no se hace cargo de las opiniones publicadas en la sección de opinión.