Profesor
Nazismo y comunismo

¿Distorsión histórica? ¡Venga ya! Aquí la única distorsión es identificar semántica y pragmáticamente el comunismo con el nazismo, soslayando de modo artero la histórica connivencia de este con del franquismo.

18/10/2019

El pasado 19 de setiembre, el Parlamento Europeo adoptó una resolución estableciendo taxativamente que «el comunismo y el nazismo son la misma cosa» y, por tanto, igual de condenables. Según estos políticos, metidos a semiólogos, comunismo y nazismo eran idénticas formas de totalitarismos. ¿Qué decir?

No solo los filólogos, también los historiadores saben que ambos conceptos no son sinónimos. Y que establecer esta relación semántica unívoca es tan frívola como falsa. Ya dijo Lewis Carroll que las palabras significan lo que deciden que signifiquen quienes mandan aunque no tengan ni repajolera idea de semiótica y de semántica. De ahí que diga que la palabra comunismo y nazismo guardan la misma afinidad semántica que haya entre una llave inglesa y una calabaza. Que el nacionalsocialismo y el estalinismo hayan perpetrado masacres indignas, no es causa para caer en la chapucería terminológica. Nazismo y franquismo nos repugnan con idéntica intensidad, pero no se pueden identificar conceptual ni pragmáticamente. Su recorrido histórico es bien dispar.

Paradójicamente, aunque nazismo y comunismo conciten tragedias y genocidios varios, los comunistas, los de antes, los de ahora y los de todos los tiempos y lugares, lo tienen peor. Primero, porque, al parecer en Europa ya no quedan nazis, y, segundo porque según el Parlamento Europeo, «no han evolucionado y siguen privando a sus ciudadanos de libertad, soberanía, derechos humanos y desarrollo socioeconómico». En cambio y como es notorio, en el resto de los países europeos no adscritos a la barbarie comunista la ciudadanía vive completamente libre, soberana a la hora de tomar decisiones individuales y colectivas. Y, en cuanto a sus derechos, libertad de expresión, lingüística, educativa y religiosa los ejercen sin problemas con el poder judicial, quien se desvive para que el Estado de Derecho funcione a satisfacción de la ciudadanía.

Es curioso constatar que las derechas de este país no se hayan prodigado ante este acuerdo del Parlamento Europeo, pero quienes sí lo han hecho aprovecharon el evento para recordar que Rusia tiene «un mausoleo en la Plaza Roja cobijando la momia de Lenin, un tirano sanguinario». Solo le faltó decir que más sanguinario que Franco y, por tanto, más digno de ser exhumado de dicho nicho que el Dictador ferrolano. Máxime, si se tiene en cuenta que el Parlamento Europeo no ha condenado el franquismo, ni tampoco a su sanguinario dictador, lo que evidencia la finura semántica de su condena.

En el punto 18 de la resolución del Parlamento Europeo, se dice que «la existencia en espacios públicos de estados miembros de monumentos y memoriales (parques, plazas, calles, etc.) glorificando regímenes totalitarios, abre la vía para la distorsión de hechos históricos sobre las consecuencias de la segunda guerra mundial y la propagación del sistema político totalitario». ¿Distorsión histórica? ¡Venga ya! Aquí la única distorsión es identificar semántica y pragmáticamente el comunismo con el nazismo, soslayando de modo artero la histórica connivencia de este con del franquismo. Al no hacerlo, quienes se sienten herederos del franquismo y que nunca lo condenaron públicamente, tampoco el nazismo, ni siquiera cuando conocieron las barbaridades de los campos de exterminio, se subirán a la parra de la indecencia retórica preguntando «¿por qué la ley de la memoria histórica protege ese totalitarismo?». Entiéndase. El totalitarismo del comunismo representado, en este caso, por una escultura dedicada a las Brigadas Internacionales que lucharon contra el nazismo y cuya presencia en una plaza la derecha considera «apología del terrorismo comunista» y, por tanto, objeto de destrucción.

Aquí es donde entiendo que el Parlamento Europeo más desbarra. ¿Cómo es posible que el comunismo de las Brigadas Internacionales sea igual al nazismo cuando luchó contra éste? ¿Cómo es posible decir que el franquismo no es clon del nazismo hitleriano si hasta organizó una División Azul –los «camisas azules» de Arrese–, para luchar contra el comunismo?

Hitler subió al poder en 1933. El régimen franquista se identificó con él desde 1936. Esta unidad espiritual e ideológica duró hasta la muerte de Hitler en 1945. El propio dictador español tenía en la mesa de su despacho una fotografía del nazi. Por estos lares, quien mejor reflejó esa afinidad ideológica fue “Diario de Navarra”, periódico netamente hitleriano, nazi, y fascista declarado en un periodo concreto. El 28 de setiembre de 1937, escribirá el papel navarro: «Entrada triunfal de Hitler y Mussolini en Berlín. El eje Berlín Roma es indestructible. Ambos caudillos ponen de relieve el espíritu creador del fascismo y nacionalsocialismo y su voluntad de colaborar con los demás pueblos y de luchar por la cultura y civilización europea contra el comunismo».

El 2 de mayo de 1945, cuando muera “Diario de Navarra” sostendrá: «Hitler muere en su puesto de mando. Luchó hasta el último momento contra el bolchevismo (...) Dios nos permita mantenernos con quien venimos combatiendo el comunismo soviético, intrínsecamente perverso». “Diario de Navarra” nunca condenó el nazismo; el régimen franquista, tampoco. Así que, ¿quién distorsiona la historia? Ignoro si el comunismo es un monstruo. Si lo es, no se entiende que los países de Europa lo sigan alimentando, estableciendo relaciones económicas con países que lo han incubado.

Como esto siga así, pronto veremos al Parlamento Europeo pedir a la Academia Sueca que retire con carácter retroactivo los Premios Nobel de literatura a los escritores comunistas. Entre ellos a José Saramago.

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