Jabiertxo Andiarena Martínez

No es solo Netanyahu

De un tiempo a esta parte, creo percibir una cierta tendencia a responsabilizar del genocidio palestino tan solo a Netanyahu, Ben Gvir, Smotrich y resto de dirigentes del Reich sionista, una acusación que, siendo cierta, me parece enormemente simplista e históricamente equivocada. Simplista, porque nunca en sitio alguno un genocidio ha sido cometido por unas decenas de personas, e históricamente equivocada, porque el genocidio palestino comenzó muchísimo antes de que Netanyahu y el resto de actuales dirigentes sionistas tuviese cualquier tipo de responsabilidad militar, política, religiosa o intelectual.

Xavier Irujo, Doctor en historia y filosofía venezolano y catedrático de estudios de Genocidio en la Universidad de Nevada, cuenta en su libro “La mecánica del exterminio” que en la Alemania nazi hubo 44.000 centros de reclusión y es contundente al respecto: «por supuesto que los alemanes sabían lo que estaba pasando y en el mejor de los casos miraron para otro lado». Si eso fue así, entonces, ¿qué está pasando ahora? ¿Cuál es el papel en el genocidio palestino de la población judía residente en el territorio palestino denominado Israel? Pues bien, según una encuesta realizada hace unos meses, el 76% de los judíos residentes en Israel piensa que «no hay inocentes en Gaza», ninguno, ni siquiera los recién nacidos. El castigo por «no ser inocente» ya lo conocemos (habría que preguntarse, ¿«no inocente» de qué? ¿de existir?). Convendría puntualizar que de esta encuesta en ningún caso se puede deducir que haya un 24% de judíos israelíes que estén en contra del genocidio. De hecho, tan solo entre un 3% y un 5% de los judíos israelitas se ha manifestado de alguna manera contra la masacre que sus conciudadanos continúan perpetrando en tierras palestinas (las protestas que hemos visto han sido bien por la libertad de los rehenes, bien por la corrupción del Gobierno israelí, pero nunca contra el genocidio).

¿Y la comunidad judía internacional qué dice, qué hace? Salvando contadísimas excepciones, si alguien ha visto u oído a alguna comunidad o asociación judía levantar la mano contra el genocidio, por favor que me lo diga. Aquí en casa, tan solo se ha oído la voz del lobby judío para denunciar las protestas, movilizaciones y pronunciamientos institucionales contra el genocidio y eso solo tiene un complicidad.

Pero la cosa es mucho más terrorífica: Desde 1951, el Estado terrorista de Israel emite unos bonos llamados «Bonos de la Diáspora» más conocidos por la propia diáspora judía como «Bonos de guerra de Israel», bonos particulares de unos 1.000 dólares, mediante los cuales Israel lleva décadas financiando su guerra colonial contra Palestina –y también las guerras contra Siria, Yemen, Líbano, Iran, etc.–. Según la organización antimilitarista europea Banktrank, tan solo entre octubre de 2023 y enero de 2025 Israel ha recaudado por esta vía la friolera de 19.400 millones de dólares para la guerra (gracias, por supuesto, a la cómplice colaboración recaudadora de los bancos de Luxemburgo e Irlanda). Hablando en plata: una incalculable pero nada desdeñable parte de la comunidad judía internacional −también la de aquí− lleva décadas financiando el genocidio palestino a escote desde el sofá de su casa.

No fueron solo Hitler y sus generales los que asesinaron a 17 millones de personas y no son solo Netanyahu y sus ministros quienes han asesinado a cerca de 200.000 palestinos desde que el sionismo judío invadió Palestina. Señalar con rigor histórico, social y político a todos aquellos que colaboran, participan y ejecutan el genocidio palestino es algo moralmente obligado y de justicia para con las víctimas, pese a quien pese y por mucho que los verdugos mencionen una y mil veces −el que se pica ajos come− la palabra antisemitismo, manida falsedad semántica y conceptual hábilmente manejada por el sionismo desde hace un siglo. No hay sofisma capaz de ocultar un genocidio.

El pueblo alemán paga aún hoy las consecuencias de la degeneración humana a la que llegó hace ocho décadas y que tan crudamente narra Xabier Irujo en el libro citado. Desconozco si el régimen sionista y el Estado colonial de Israel tendrá su propio Nuremberg. De lo que sí estoy seguro es que la comunidad judía que lo sostiene está condenada para siempre a figurar en las páginas más negras de la historia de la humanidad, esta vez no como víctimas, sino como verdugos. Una maldición de la que, para su desgracia, nunca podrá escapar y que, lamentablemente, tendrá consecuencias hoy impredecibles.

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