Ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE
No nos falléis Sánchez, Iglesias, Errejón, Rufián, Otegi

18/11/2019

La noche del 14 de marzo 2004 después de ganar de manera imprevista las elecciones generales, José Luis Rodríguez Zapatero pronunció una frase que ya forma parte de la historia de nuestro país. «No os fallaré» sonó contundente y la realidad es que no lo hizo.

Ahora conviene recordarla 15 años después y que haya pasado el día D en el que habían depositado tantas esperanzas el equipo que asesora al presidente del Gobierno en funciones Pedro Sánchez, sin escuchar lo que les llegaba de la sociedad.

Porque los augurios antes de saber el resultado final no eran buenos. El resultado desvelaba el gran fracaso al que Pedro Sánchez y su gurú Iván Redondo habían llevado al PSOE, a la izquierda y especialmente al país con su insensatez. Eso sí, con la inestimable ayuda de Pablo Iglesias y su correspondiente asesor Pablo Gentili.

La noche salía fatal. El PSOE, UP y la izquierda bajaban, la distancia con la derecha disminuía de 17 a 6 diputados, permitían recuperarse al PP aunque menos de lo que Pablo Casado preveía, hundían al centro de Cs, debilitaban a otro hipotético colaborador como ERC y dejo para el final el elemento más graves, permitían el ascenso incontrolado de la extrema derecha de Vox.

Vamos, para cum lauden, habría que decirles a los genios de PSOE y UP. Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y sus palmeros situaban así al país en una situación de ingobernabilidad mucho más grave que tras el 28-A.

El día después dejaba así un panorama desolador. Este país no se merecía la recua de dirigentes que nos tocaba sufrir. De los seis de ámbito estatal que se presentaron este domingo, cinco habían quedado descalificados de una u otra manera.

Gracias a los errores del resto el mejor parado era el líder de Vox, pero o somos conscientes de que en este país ya existen tres millones seiscientas mil personas que confían y apoyan a un partido extremista, xenófobo, racista, homófobo, o difícilmente podemos frenarles. El grito que lanzaron esa noche era significativo: «a por ellos, a por ellos, oé, oé, oé». Oído cocina.

Y surgía la pregunta: ¿Para eso nos han metido en este nuevo lío? ¿Para encontrarnos otra vez un empate técnico y además que el independentismo (ahora mucho más cabreado) siga siendo imprescindible, excepto para un pacto izquierda-derecha anti natura? ¿Para qué entonces unas elecciones que han servido apenas para fortalecer a PP y Vox y debilitar a Cs?

¿Qué opciones quedaban a partir de ese instante?

La que lamentablemente adquiría mayor peso era la favorita de los poderes fácticos, desde los grandes bancos, al IBEX 35, la gran patronal y Bruselas; que PSOE y PP se pongan de acuerdo de alguna manera, incluso con una «Grosse koalition» al estilo alemán.

Supongo que los estrategas de Moncloa fueron conscientes de que en el caso de que se optara por esa solución, lo normal es que el PP no quisiera abrasarse dentro del gobierno con la que se nos viene encima, conflicto catalán, sentencia de los EREs, Brexit y sobre todo la crisis económica.

Preferiría un apoyo externo tibio dándole los votos en la investidura pero sin implicarse en el gobierno, dejando al PSOE cocerse en el caldo de todos esos conflictos y que la legislatura sea corta, menos de un año, y en las siguientes elecciones arrasar con un electorado socialista indignado debido a esa traición.

En ese instante surgió el temor a esa reacción de las bases socialistas y probablemente la razón por la que se evitó ese pacto anti natura. Resultaba clarificador que esa militancia que se agolpó la noche electoral a las puertas de Ferraz 70, ya no gritaba «con Rivera no» sino «con Iglesias sí» o «con Podemos sí», mandando un mensaje nítido a Sánchez y de rebote a Iglesias.

Su reacción resultó extemporánea. «Os veo muy participativos» les gritó visiblemente molesto. Claro Sánchez, como debe ser, como les pides en las campañas electorales para obtener votos, que sean participativos, como debe ser la militancia de la izquierda.

Conclusión: la izquierda al propiciar con su desencuentro esta nueva cita electoral se situaba en la encrucijada, de dirigirse hacia el paraíso si Sánchez escuchaba ese mensaje y busca un gobierno de izquierdas con UP y Más País más el apoyo externo de PNV y ERC, o el abismo de hacer lo que le pedían los poderes fácticos.

Supongo que la noche electoral fue muy larga en Moncloa y Galapagar, conscientes de que o espabilan de manera definitiva o se condenaban y con ellos a diez millones de progresistas, a un tránsito cruel por el desierto de duración imprevisible.

Con el peligro, ahora más evidente que nunca, de que si seguían cometiendo errores la derecha extrema y la extrema derecha podrán gobernar juntas y ya podemos intuir mirando a Andalucía y Madrid lo que puede suponer eso.

Esa larga noche les llegó el mensaje. Necesitábamos la unidad de la izquierda (incluyo aquí a ERC) con el apoyo del PNV. Necesitábamos políticas progresistas frente a la crisis, resolver las tensiones centro-periferia y frenar a la extrema derecha. Necesitábamos esperanza frente a la desolación de otras hipótesis.

A la mañana siguiente ambos despertaron, si es que llegaron a dormir algo, con la firme decisión de que lo que no fue posible antes debía serlo ahora. Así en apenas unas horas el acuerdo vio la luz para sorpresa de propios y extraños.

La foto del abrazo entre ambos líderes se transformó en viral y recordaba a otra que fue referente de la lucha antifranquista, la del famoso cuadro de Genovés.

Con una diferencia sustancial, que en este el abrazo es coral, colectivo justo lo que falta ahora, que las bases socialistas y podemitas, que se han estado degollando durante meses, sigan el ejemplo de sus líderes y se abracen para caminar juntas por el complejo camino que se abre.

Pedro y Pablo, PSOE y Podemos, la izquierda en su conjunto y añado aquí a Más País, ERC, o BNG, incluso Bildu, tienen un reto histórico, gobernar juntos. Suman 172 que si añadimos a PNV supondrían mayoría absoluta para permitir cumplir los 4 años de legislatura con firmas de Presupuestos incluidas.

Vienen tiempos difíciles, a la amenaza de la extrema derecha se le suma la crisis económica que asoma su faz, más el reto de configurar una estructura del Estado que no genere tensiones entre el centro y la periferia, por eso hay que hacer un esfuerzo de imaginación, audacia y especialmente generosidad para desde lo que nos une intentar resolver lo que nos separa.

Tenemos tiempo para conseguir entre todos los progresistas que en 2023 a este país no lo conozca ni la madre que le parió, para bien claro.

El título de esta reflexión rememora el compromiso de Zapatero en 2004 y hoy hay que pedírselo a Sánchez e Iglesias, pero también a Errejón, Rufián y Otegi. No nos falléis, esta vez no, porque si lo hacéis llegará la noche para todas y todos.

Veremos……….