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No será fácil

Es evidente que estamos buceando en el «introito» de un proceso que debe ser fundamental, no solo para los vascos, también para los españoles, que es debido fundamentalmente a dos razones: al trabajo, sacrificio y lucha –durante décadas– del conjunto de la izquierda abertzale, y a la calamitosa historia del nacionalismo español

16/01/2020

Si se observa con mirada sosegada y se añade la objetividad imprescindible a la sin duda importante situación política que se vive tanto aquí, entre los vascos, como en el resto del Estado, pudiera ser conveniente recordar algunos fundamentos claros y precisos, para que nadie se llame a engaño ni pretenda sacar provecho de una debilidad inexistente.

Es evidente que estamos buceando en el «introito» de un proceso que debe ser fundamental, no solo para los vascos, también para los españoles, que es debido fundamentalmente a dos razones: al trabajo, sacrificio y lucha –durante décadas– del conjunto de la izquierda abertzale, y a la calamitosa historia del nacionalismo español.

Y es así, porque desde la muerte del dictador Franco y durante nueve largos lustros, ninguno de sus gobiernos ha sido capaz de madurar un proyecto lógico, racional y democrático, que garantice libertad y paz en respetuosa vecindad.

Es por eso que hoy se reproducen situaciones vividas hace cuatro décadas, y esto es así porque lo que «está en juego» es lo mismo que entonces, y aunque es cierto que la interlocución ha sufrido variaciones importantes, –la izquierda abertzale es indispensable en la misma– los intereses que defienden las partes, siguen siendo los mismos, no han variado. No será fácil.

La derecha española condensada en el PP y sus «becarios», que hoy –como entonces– se postula como única defensora de la patria, sigue siendo víctima de una dirección obsoleta –joven de cuerpo y anciana de mente– que carece de proyecto y en la que se visualizan los últimos vestigios del franquismo.

Carecen de convicciones, si hace cuarenta años rechazaban la Constitución, hoy se erigen como únicos abanderados del patriotismo constitucional. Lo que no cambia es la razón de su quehacer político: para que nada cambie.

En la derecha española, no desarrollan un pensamiento político y desconocen la importancia de la ética y la moral en la vida política. Su formación franquista les impide escuchar, viven y necesitan del enfrentamiento e ignoran las leyes del juego democrático.

En suma, suponen una hipoteca permanente para la débil democracia española, y constituyen un peligro para el futuro de sus compatriotas.

Por su parte, la socialdemocracia española encarnada por un PSOE dubitativo, que ejerce desde décadas aproximándose a una democracia liberal, y que se ha visto forzado a apoyarse en un amplio equipo de tecnócratas inteligentes para formar gobierno, mantiene sus antiguas hipotecas –entre otras– con el poder económico.

Han modificado el agrio discurso de su antecesor en La Moncloa, pero mantienen el complejo represivo policial-judicial, tanto en Catalunya como en Euskal Herria; presos políticos y derechos democráticos.

Lamento decirlo –y mucho– pero opino que tanto el PSOE como el nuevo gobierno del Sr. Sánchez, no están capacitados para afrontar la caducidad del modelo de Estado. De hecho, su verbo preferido es «integrar» a unos y otros, y pretende solventarlos con un artificioso y voluntarista reparto de competencias. No será fácil.

Toda esta serie de argumentos contradicen lo que se viene diciendo reiteradamente desde los diferentes «grupos de presión» del PSOE, respecto a determinadas decisiones que «dicen» pretenden dibujar un futuro sin violencia política.

Mi lectura es otra, no observo otro fin que mantenerse en el poder. Es decir, opino que tienen previsto utilizar el poder, solo con el objetivo de reproducirlo. No será fácil.

Llevo muchos, muchos años, afirmando que el PNV nunca defenderá un proyecto que no sea asumido por el poder central español. No lo hizo hace cuatro décadas y tampoco lo hará en esta ocasión, tal y como se ha podido comprobar en la «elaboración» de la Ponencia de Autogobierno.

Lamentablemente, mantiene una estructura con el poder y la fuerza necesarias para captar una bolsa importante del voto abertzale, que le permite desarrollar una diligente labor de «celestina» con resultados que –hoy por hoy– le facultan como gestor delegado de Madrid.

La dirección del PNV puede llegar a fomentar movimientos y proyectos en la medida que los puede controlar, pero, que nadie espere que lo haga con aquello que pudiera poner en riesgo su «status» actual de gestor en la CAV.

Una muestra clara la hemos tenido en estos días vividos, con tantos miles de vascos exigiendo tanto en el norte como en el sur de Euskal Herria, la excarcelación de los presos políticos. Cabe recordar que es el PNV, junto a PP y PSOE, uno de los promotores de la dispersión. Quizá una de las razones de la «no presencia» del Sr. Urkullu en ninguna de ellas.

Sin acritud alguna, pero, con la más firme de las convicciones, puedo afirmar que la dirección del PNV tiene sobre la mesa tres líneas de trabajo, en lo que respecta al «proceso» que tanto se menciona:

a) Colaborar en la neutralización de la izquierda abertzale.

b) Dificultar que la próxima confrontación electoral pueda ser «normalizada».

c) Caminar –buscando los apoyos necesarios– hacia una conclusión del proceso que resulte inaceptable para la izquierda abertzale.

Solo hay un modo de evitarlo, trabajando duro, sin miedo, tenemos tiempo. Mienten quienes afirman que se nos acaba. Siendo conscientes que según avanza el calendario, más y mayores serán las trampas. Con tranquilidad y convicción se puede afrontar lo que viene. No será fácil, pero se puede.

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