Directora general de Políticas Migratorias del Gobierno de Navarra
Por un 2020 con una Navarra llena de colores

Conocernos es el primer paso para descubrir a esa persona igual a nosotros en ilusiones y en miedos, en derechos y en deberes. Y conocernos es el primer paso para valorar la Navarra de colores en la que convivimos y para desmontar discursos racistas y xenófobos que solo causan división y odio

10/01/2020

Abordar la migración y el racismo de manera conjunta es, por desgracia, una necesidad. La asociación «migración = problema» que se ha hecho –y sigue haciéndose– por parte de algunos líderes político es, además de falsa, totalmente irresponsable. A la vista está que ha provocado un aumento de los recelos, los miedos y el odio; y prueba de ello son, por ejemplo, los ataques sufridos por diferentes centros de menores en varios lugares de España. Un recelo, un miedo y un odio al que es diferente… pero especialmente si su situación socioeconómica no es favorable; al deportista rico y triunfador, sea de la raza que sea, nadie le pone ninguna pega.

En esa situación, desde la acción política y desde la Administración debemos redoblar nuestros esfuerzos contra los prejuicios que ponen en riesgo la convivencia entre personas. Y es que eso somos, y no otra cosa: personas. Seres humanos, con iguales derechos, vengamos de donde vengamos, o tengamos el color de piel que tengamos.

«Conocerse es convivir» es el lema con el que, el pasado 18 de diciembre, celebramos desde el departamento de Políticas Migratorias y Justicia el Día Internacional de la Persona Migrante. Una serie de actos nos permitieron conocer las historias que hay detrás de los fríos números sobre migraciones; es decir, las personas que, de modo individualizado, toman la decisión de intentar labrarse un futuro lejos de su lugar de nacimiento. Conocernos es el primer paso para descubrir a esa persona, a ese individuo igual a nosotros en ilusiones y en miedos, en derechos y en deberes. Y conocernos es el primer paso para valorar la Navarra de colores en la que convivimos y para desmontar discursos racistas y xenófobos que solo causan división y odio.

Por eso, nuestro trabajo desde las Administraciones Públicas  pasa por permitir que nos conozcamos. Por ejemplo, destacando la información que nos permite entender la importancia de las migraciones en la constitución de nuestra sociedad actual. Una importancia  tanto en lo que a riqueza cultural y social se refiere, como en lo relativo a riqueza… económica. Porque hay datos incluso para quien no aprecia la multiculturalidad, y prefiere quedarse con los números. Y, en ese sentido, hemos de recordar cuánto suponen las personas migrantes en una sociedad paulatinamente envejecida, y con un estado del bienestar en riesgo, que es sostenida precisamente gracias a esos flujos migratorios.

Son más de 100.000 las personas que viven en Navarra y tienen su origen en otros países. Llegados desde ellos (94.647 personas), o hijas e hijos de personas migrantes, son un 15,2% de nuestra población. Sin embargo, y como son un colectivo con menores tasas de población no activa, son el 16,5% de las y los cotizantes a la Seguridad Social. Es decir: el 15,2% de la población supone el 16,5% de quienes ingresan para ese estado del bienestar que nos permite garantizar la sanidad y la educación públicas, las pensiones, las prestaciones de desempleo… Y ese porcentaje será cada vez mayor, por una simple cuestión estadística: mientras las mujeres nacidas en Navarra tienen cada vez menos hijos, las mujeres de origen extranjero mantienen tasas de maternidad más elevadas.

Los datos son reveladores: mientras en 1996 nacieron 4.830 personas en Navarra, en 2018 hubo 5.398 nacimientos. Una cifra que no consiguió que el crecimiento fuera negativo (esto es, que hubiera más fallecimientos que nacimientos de  niños y niñas). Pero es que mientras en 1996 un 97% de las madres eran navarras de nacimiento, en 2018 suponían un 67%. Es decir: el 32% de las mujeres que fueron madres en Navarra ese año y habían nacido en otros países… «maquillaron» los resultados.

Imaginemos una Navarra sin personas extranjeras: ¿cuánta población perderíamos cada año si naciera un 32% menos de niños? ¿Cuánto envejecería nuestra sociedad? ¿Quién sostendría las pensiones de esa sociedad envejecida si hubiera un 16,5% menos de cotizantes a la Seguridad Social? ¿Podemos de verdad, a la luz de estos indicadores, creer que las personas extranjeras «se llevan las ayudas» o «vienen a chupar del bote»? Todo ello, insisto, son datos para quienes pueden no valorar la inmensa riqueza que, para el actual Gobierno de Navarra, supone la multiculturalidad.

Y en ello trabajaremos este 2020: para que todas las personas que vivimos en Navarra, sin importar donde hemos nacido, qué idioma hablamos o de qué color es nuestra piel, seamos parte de manera igualitaria en la construcción de una Navarra más rica en lo social, en lo cultural y en lo económico. Por una Navarra llena de colores, de pluralidad y de convivencia.

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