Reforma estatutaria
Los hay que, siendo portadores de cerebro brillante, son expertos en modificar y adulterar con definiciones «poco precisas» lo que no es sino más de lo mismo. Era, ha sido el suyo, un proyecto «in eternum» que se ha repetido durante décadas. Una de las principales razones por las que en primera instancia dejaron de ser hegemónicos, para progresivamente subsistir con la ayuda de vecinos que obstaculizan el futuro de los vascos.
Su «sagrada estabilidad», estandarte que lució en décadas en el frontispicio de Sabin Etxea, próximamente dependerá de manos ajenas a las suyas, y los alejará del control que venían ejerciendo en el último medio siglo.
De todas formas, debe reconocerse que, en parte de la sociedad vasca, había penetrado −con cautela− el «nuevo» modus operandi de quienes han estrenado despacho en Lakua. Pero, cuando llega el momento de las concreciones no puede esconderse el «manual», y queda meridianamente claro, que «todo sigue igual».
Y es que los vascos llevamos más de cuatro décadas lustrando el mismo calzado. Esta afirmación metafórica ratifica claramente dos cuestiones; una, que a pesar del fino y delicado «simplismo» de la cabeza del PSOE vascongado, lo cierto es que hemos sido y somos muy cuidadosos y la otra, que es tiempo de cambiar de calzado.
La metáfora siempre es un recurso que ayuda en la comunicación, pero no debe utilizarse en demasía y menos para manipular la realidad. La metáfora no debiera hacernos olvidar que vivimos tiempos de inestabilidad política y económica y esto hace que muchos se vean obligados a variar sus «prioridades».
Esta es una de las razones por las que en este país − el nuestro− hay muchos que han «desconectado», que están hartos de observar que en la actividad política continúa habiendo muchos que tienen por prioridad autoabastecerse, «medrar» a corto unos y a largo otros. Y eso, además de inaceptable, es cierto y actual.
Entiendo que vivimos tiempos «larvadamente» convulsos, que generan incertidumbre, pero creo firmemente que es tiempo de hacer un esfuerzo −otro más− y manteniendo la escala de valores y objetivos, solicitar a la sociedad su apoyo y comprensión, para regenerar y modificar el escenario político.
Son ya más de cuatro décadas, y puede afirmarse que la opción estatutaria actual no responde a la voluntad expresada por la mayoría del pueblo vasco. Queda «demasiado» corta y desfasada, no responde a la realidad actual. Basta con poner sobre la mesa los resultados electorales.
Tanto es así, que el propio PNV se ve obligado a programar «atajos» que sin duda le llevarán a la misma «estación».
Sin duda es fruto del trabajo de muchas décadas, pero es a partir del siglo XXI, cuando se viene notando con mayor realismo, que tanto en el Norte como en el Sur de Euskal Herria, en la gran familia «nacionalista abertzale», el trasvase de apoyos es manifiesto.
Ya no se trata –como decía un exdirigente de las dos ejecutivas PNV-EA− «la notoria diferencia entre vosotros (HB) y nosotros» se puede condensar en la diferente intensidad de un mismo color. Hoy nadie se atrevería a decir eso, porque no es cuestión de matices. Soberanía, por un lado, y reforma estatutaria, por otro, son dos realidades muy diferentes.
Porque, que yo sepa, Soberanía se puede definir como «calidad del poder político de un Estado que no está sometido al control de otro Estado».
Y la Reforma Estatutaria, se refiere a un Estatuto −en este caso− Estatuto de Autonomía− Amejoramiento que se define como: Ley Constitucional de una Comunidad Territorial Autónoma en el interior de un Estado.
No suena igual, y no suena igual, porque es otra cosa.
Si se acepta, con la seriedad que corresponde lo que dicen los vascos ante las urnas, no parece que estén dispuestos a aceptar otra cosa que no sea gobernarse a sí mismos. Porque −siendo como es− una confrontación política con la españolidad, interpreto que no es aceptable el que haya vascos nacionalistas que, para paliar su progresiva debilidad, busquen el apoyo de partidos políticos españoles, que no comparten y sí confrontan, el «mensaje» de las urnas.
Porque, negociar un Estatuto con España, no es otra cosa que unir nuestro destino con lo que decidan en Madrid.
Es mucho el camino recorrido, a semejanza de quienes al final de su ciclo estudiantil, están preparados para abandonar la Facultad, tenemos ante nosotros, nuestro «propio» proyecto de fin de carrera. Debemos demostrar que estamos preparados, que somos competentes para llevar a nuestro país a un desarrollo de vida responsable, es decir, a su Soberanía.
A través del tiempo −siempre en periodo electoral− hemos escuchado proponer la república vasca, pero siempre territorialmente ceñidos a la Comunidad Autónoma Vasca. Es el sempiterno discurso, simple oratoria que no pretende llegar a los hechos.
¿Por qué se esconde la verdad de la historia? ¿Acaso está prohibida la verdad? ¿Se me niega a mí la opción de defender en estas líneas, mi legítimo deseo de conseguir la unidad territorial de Euskal Herria? ¿Quién me va a negar, y con qué argumentos, que Euskal Herria territorialmente, no es otra cosa que el antiguo Reino de Navarra, que, desde hace siglos, sufre y padece una ocupación similar a la de otros países de Europa?
España nos ha demostrado a través del tiempo que no es fiable y los que ponen una ikurriña haciendo suyo lo que ordenan desde Madrid, tampoco.
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