Sin camisa azul ni chaqueta de pana: Kaiku y Txapela, ta ibili munduan
En la novela "Lo que queda del día" se habla retroactivamente de ese momento en el que los británicos dudaron. No era la primera vez que lo hacían, ya dudaron el primer mes de lo que sería la Primera Guerra Mundial (aunque hubo otras guerras mundiales antes, sin llevar numeral y nombre, como la que concatenó la guerra de los siete años con, por un lado, la quiebra de las arcas británicas y la independencia de lo que sería EEUU, y por otro la quiebra de las arcas francesas, con el inicio de la revolución francesa), pero es interesante ese momento donde se pone encima de la mesa el viejo juego europeo en los años 20 del siglo XX: los británicos solían defender a alguien «débil» que pudiera contraponer en el continente europeo, en un equilibrio de poder donde ellos pudieran ser los hacedores de reyes, los artesanos de los acuerdos, el fiel de la balanza, decisores. Ni con unos ni con otros, con sus intereses propios. El problema estribaba que en ese momento los franceses aparentaban ser los fuertes, y no lo eran, y la Alemania de Weimar, tras la derrota y Versalles, no estaba tan débil como aparentaban. Decir otra cosa es comprar el relato de los totalitarios. Y dentro de los británicos la estratificación social, visible en esa novela, desvió por la pendiente de los totalitarismos al Reino Unido, con el grupo de Wallis Simpson, el rey Eduardo VIII, o Halifax, como epígono de un modo de hacer política. Y este fue el vector que pudo haber visto a Hitler como aliado anticomunista. En una alianza semejante a lo que fue la Francia de Vichy. Pero siempre metabolizado por una derrota previa. Totalmente antipatriótico. E inaceptable. Fondo y forma, camino y destino. Ave atque vale.
Ver el cuadro completo puede ayudar a entender lo difícil que fue para el Partido Nacionalista Vasco mantener el timón de la democracia, de la libertad, de la civilización cristiana (entendida como Rerum Novarum, Don Sturzo, Jacques Maritain, la liga de amigos de los vascos, la doctrina social de la iglesia, el Papa León XIII), en tiempos de polarización extrema. Entre los dos ladrones. Y es que si uno tiene hemeroteca puede encontrar cosas muy feas. Por no ir a «lo de siempre», veamos en el otro lado. Engels pidió un genocidio de los pueblos escombro que debieran desaparecer de la historia. Concretamente dijo «la próxima guerra mundial hará desaparecer de la faz de la tierra no ya sólo a las clases y dinastías reaccionarias, sino también a los pueblos reaccionarios enteros, lo cual también es un progreso». y lo dijo en 1848. Quizás con esta memoria debiéramos dejar de lado a toda la herencia del marxismo y leninismo en todas sus variantes como potenciales aliados. Y en determinadas circunstancias lo fueron. ¿Cómo así? Pues pragmatismo, haciendo una lectura del momento en el que se encontraba uno. El mismo Churchill, furibundo anticomunista (en el Reino Unido) hizo causa común con la URSS (tras que estos fueran amigos de los nazis durante dos años, hasta el punto de que Molotov pidió el 1º de mayo de 1941 que por favor no se metieran con sus aliados del Tercer Reich) en la Segunda Guerra Mundial. Y después, en Fulton, Missouri, en 1946, denunció el telón de acero. Con la impotencia de tener una Europa bajo la batuta de Moscú, oprimida por completo, y sin poder hacer nada por ellos. Se tardó en superar, pero se hizo, con valor.1989-91 no llegó como agua de mayo, sino por personas que apostaron, como Jacques Delors. Como Arzalluz, Garaikoetxea o Pedro Luis Uriarte en 1980-81. Hacer lo correcto en el momento correcto. Para superar tanto la larga noche del franquismo como la larga noche del socialismo real. Dos caras de la misma moneda totalitaria.
Sin duda alguna lo más importante que debemos poner encima de la mesa es el hecho de que el proyecto, el programa, las ideas, son importantísimas, hasta el punto de ponerlo encima y delante del con quien se va a llevar a cabo. Primero el que, luego con quién. De otra manera, supondría aceptar limitantes de los otros, y no los que uno pueda tener. Y estos solo son admisibles si se vinculan con esas líneas rojas, que no dejan de ser las aspiraciones fundamentales. Ya lo dijo Golda Meir, que uno no puede buscar negociar nada con quien quiere venir a matarle a uno. Eso es más que evidente. Pero no es porque el otro sea un fascista o un estalinista, sino porque lo que quiere es la eliminación de uno. El Parlamento Europeo, con una mirada al siglo XIX y XX europeos, tuvo claro definir las víctimas de nazismo y estalinismo el 23 de agosto, día de la memoria del pacto Molotov-Ribbentropp, en Moscú, ante el camarada Stalin. Porque lo importante es recordar que lo que se tenga que hacer no se deba hacer en función del otro, sino por convicción. Porque es justo y necesario. Sea en 1936, en 1980 o para cualquier temporada, con principios, ideas, proyecto y programa. Y solo después de tener esto claro, veremos cómo y con quien se puede llevar a término. Porque de lo contrario, en el mejor de los casos, tardaremos lo que Ulises en arribar a nuestra Ítaca.