Situación real en algunos centros residenciales desde la perspectiva de sus profesionales y familiares
Futbolistas, políticos y demás personas públicas se han realizado las pruebas diagnosticas ante posible sospecha de contagio. Sin embargo nuestros mayores, pluripatológicos, con alto grado de dependencia, fragilidad y vulnerabilidad, no han tenido ese mismo derecho. Ellos por protocolo deben ser confinados, sumidos en un entorno de de privacion social y, si la patología se agrava, es cuando se ve más clara la posibilidad de aplicar el test. Y ese tiempo que transcurre durante el proceso, se convierte en letal para muchos de ellos.
Las residencias son los hogares de cientos de personas en Álava, y como tales, deben cubrir las necesidades de sus integrantes en base a un trinomio biopsicosocial fundamental. Desde el enfoque de «Atención centrada en la persona» aprobado por la OMS, el cual se aplica a la metodología de trabajo de todos los centros residenciales, tanto públicos como privados, implica que las personas usuarias se convierten en el eje central de la organización del centro y de las actuaciones de los profesionales. Las personas mayores son partícipes activos de su vida, donde priman sus derechos de autodeterminación, dignidad y mejora de su calidad de vida, valorando activamente la idiosincrasia de cada persona, sus capacidades/habilidades y su medio social.
Desde que comenzó esta crisis sanitaria, son muchos los medios de comunicación que, respaldados por los datos ofrecidos por la Administración Pública, ofrecen una perspectiva totalmente sesgada de los centros residenciales privados. Como ocurre con todos los aspectos de la vida, no se puede ni se debe generalizar, y menos aún, con algo tan importante como el bienestar de nuestros mayores.
Llevamos mes y medio luchando contracorriente, intentando cuidar y proteger a nuestros mayores, que para nosotros sí que son nuestra única y máxima prioridad. Para ello, seguimos manteniendo sus rutinas: ejercicio físico diario, estimulación cognitiva... y potenciando fundamentalmente lo que consideramos ahora de máxima importancia: el contacto y la comunicación con sus seres queridos. Para ello, facilitamos sesiones de videollamadas diarias, llamadas telefónicas, videos semanales…
Tratamos de mantener informadas a las familias, de la mejor manera posible, tanto del estado de salud de sus mayores como del estado general en el que se encuentran el centro y sus profesionales.
Basándonos en los diferentes niveles de prevención, analizaré lo sucedido en nuestro centro de trabajo:
La prevención primaria: encaminada a evitar la adquisición del Covid-19, controlando y eliminando los riesgos ambientales e informando en todo momento de lo que significa este virus y sus consecuencias. A este respecto, la Administración Pública envía informes diarios con información relevante sobre el virus, protocolos de actuación y medidas a llevar a cabo. Desde el centro residencial se llevan a cabo limpiezas exhaustivas, clausura del servicio de atención diurna, prohibición de todas las visitas externas, utilización de mascarillas quirúrgicas y guantes, lavado de manos constante (jabón y gel), desinfección de ropa, materiales e infraestructuras, etc. A pesar del trasiego de información, los materiales de prevención han llegado siempre tarde. Cuando comenzó a extenderse la pandemia, llegamos a estar desprovistos durante una semana del material sanitario suficiente para poder prevenir dicha expansión, porque la Administración nos lo suministró con una semana de retraso. Este aspecto es el reflejo de la situación de muchas residencias. La falta de material, conlleva a la falta de prevención y consecuentemente a la expansión del Covid-19 tanto en la población residencial como en los profesionales de los centros. La ultima remesa llego la semana pasada, con unas mascarillas quirúrgicas que no se ajustan al contorno facial, y por lo tanto no cumplen un estándar mínimo de protección y seguridad. Aun cuando los materiales han faltado, nos las hemos ingeniado para conseguirlos, tanto por iniciativa propia como privada, de colectivos solidarios a los cuales queremos agradecer enormemente su colaboración, esfuerzo y ayuda: Fundación San Prudencio, Eutsi Goiari y asociación voluntaria de Salvatierra, los cuales nos han proporcionado material sanitario suficiente y a tiempo. Sin ellos hubiera sido imposible llevar a cabo una labor preventiva eficaz y eficiente. Así mismo, agradecer enormemente la implicación de las familias de nuestros residentes que nos han apoyado en todo momento y nos han ayudado en todo lo que hemos necesitado.
La prevención secundaria: encaminada a detectar la enfermedad en estadios precoces en los que el establecimiento de medidas adecuadas puede impedir su progresión. La detección de la enfermedad se realiza a través de los test correspondientes, los cuales a día de hoy, no se han realizado en la totalidad de las residencias, habiendo pasado mes y medio del comienzo del Estado de Alarma. El 15 de abril se publica en prensa la noticia de que se van a llevar a cabo las pruebas diagnosticas en todas las residencias de tercera edad, tanto a las personas mayores como a los profesionales que trabajan en ellas. A 29 de abril, aun no han llegado a todas, ni mucho menos. Todos los profesionales del centro son informados de las actualizaciones de los protocolos asistenciales, en constante evolución, y de los materiales de que disponemos en cada momento. No obstante, cuando un trabajador ha presentado algún síntoma acorde a posible patología de Covid-19, automáticamente era puesto en cuarentena por Osakidetza, sin realizar ningún tipo de prueba diagnóstica que garantizara la existencia de dicha patología y consecuentemente sin conocer fehacientemente si se trataba de caso positivo o negativo. Este hecho ha llevado a desproveer a los centros residenciales de sus pilares mas importantes y han tenido que reinventarse en busca de soluciones que paliaran dicha falta de recursos. Si se hubieran llevado a cabo las pruebas de detección correspondientes a tiempo, ya que se trata de profesionales esenciales, quizá esta situación se hubiera minimizado en muchos centros. Ahora se están llevando a cabo... tarde.
La prevención terciaria: comprende aquellas medidas dirigidas al tratamiento y a la rehabilitación de una enfermedad para ralentizar su progresión y, con ello la aparición o el agravamiento de complicaciones. En este caso el modus operandi se basaría en el confinamiento durante catorce días y la aplicación de tratamiento farmacológico correspondiente. Como aclaración al respecto, el termino de residencia no debe confundirse con el termino centro hospitalario. Las residencias no poseen en muchos casos de las infraestructuras suficientes para llevar a cabo los aislamientos que por protocolo dicta la Administración Pública (falta de espacios individualizados), ni tampoco de los recursos y tratamientos de los que dispone un centro hospitalario.
Cuando existe sospecha de posible contagio, se lleva a cabo el confinamiento de todas las personas residentes durante catorce días. Si seguimos el enfoque de atención centrada en la persona aplicado a este protocolo, en el que se respetan los derechos de autonomía, dignidad y calidad de vida, debemos considerar que el confinamiento durante catorce días en una habitación cerrada, en completa soledad, aislada del mundo que les rodea ante la sospecha que no confirmación de coronavirus, dista mucho de mejorar la calidad de vida de nuestros mayores. Si se añade la existencia de deterioro cognitivo, demencia y alteraciones conductuales, el confinamiento se convierte en un recurso imposible de aplicar a no ser que se tomen medidas drásticas (medidas de sujeción físicas, farmacológicas...). Ante posible sospecha de coronavirus, la realización de pruebas diagnosticas evitaría el confinamiento de la totalidad de los usuarios, sin tener que tomar medidas tan deshumanizantes.
Recordemos que a día de hoy, futbolistas, políticos y demás personas públicas se han realizado las pruebas diagnosticas ante posible sospecha de contagio. Sin embargo nuestros mayores, pluripatológicos, con alto grado de dependencia, fragilidad y vulnerabilidad, así como un sistema inmunitario mas débil, no han tenido ese mismo derecho, ellos por protocolo deben ser confinados, sumidos en un entorno de de privacion social y si la patología se agrava es cuando se ve más clara la posibilidad de aplicar el test. Y ese tiempo que transcurre durante el proceso, se convierte en letal para muchos de ellos.
Nuestro mayores, los ejes centrales de nuestra atención y de nuestros cuidados, personas que llevan mes y medio confinadas en los centros residenciales, sin poder tocar, ni sentir cerca la mano de un ser querido, soportando esa soledad en sus corazones y aguantando lo mejor que pueden la angustia, la preocupación, el miedo y la ansiedad derivadas de dicho confinamiento, nos están dando una nueva lección de vida y de fortaleza.
¡Exigimos test ya a todos los residentes y trabajadores de las residencias!
*Firman este artículo Maite Arbeo, Estíbaliz Arbeo, María Casado, Mari Paz Elorza, Mari Carmen Moraza, Beatriz Aranda, Paula Soto, Jesús Casado, Sonia Pérez, Julia Monja, Julia García De Salazar, Ana Rosa Paúl, María Montero, Mari Ángeles Soto, Mari Carmen Nanclares, Ana Hinojal, Jose Miguel Íñiguez De Heredia, Luis Hinojal, Isabel Hinojal y Ángela Sánchez.