Mikel Etxeberria
Militante de la izquierda abertzale

Sobre la amnistía

Vaya por delante, por aclarar, que lejos de la simple utilización de Amnistía como estandarte, el conjunto de la izquierda abertzale apuesta por lo fundamental, por el contenido político de amnistía: la salida de todos los presos, el regreso de todos los exiliados y la superación definitiva de las causas del conflicto impuesto a Euskal Herria por los estados español y francés.

Este es un camino que debemos recorrer paso a paso, en primer lugar acabando con el destierro y la dispersión, activando todas las fuerzas que están por una solución democrática y definitiva. Ese es el mensaje que los portavoces de EPPK subrayaron en su última entrevista ante esta cuestión. De nada sirve enarbolar la amnistía como reivindicación-pócima mágica que acelerará todo el proceso porque, según nos dicen, la amnistía es además de la meta «el camino para la libertad sin condiciones y con dignidad».

Desarrollar la amnistía total como proceso nada tiene que ver con su uso a modo de bandera de enganche. Desde la década de los 90 la izquierda abertzale rompió con una dinámica de reivindicación genérica del termino amnistía ligada a la espera de una negociación con el Estado que resolviera de forma automática e inmediata su doble contenido. La amnistía decretada por el Estado español en el 77 ya dejó en evidencia la trampa que esconde el término, su doble virtualidad. Hoy es el día en que se plantea como una de las bases de impunidad que permitieron la continuidad del régimen franquista reconvertido en monarquía parlamentaria con caché supuestamente democrático. De esa experiencia histórica surgió el lema Amnistía Osoa: la salida de los presos y el regreso de los exiliados ligada a una solución política integral al conflicto político.

Esa clarificación del término exigió también concretar las fórmulas de presión frente al Estado y los distintos modos y espacios de articulación del proceso social de acumulación de fuerzas en torno a objetivos intermedios como Presoak Euskal Herrira!, su ligazón con Presoak etxera! y la consecución-construcción del proceso-marco resolutivo de superación de las causas del conflicto político, para lograr que cada una de estas dinámicas aporte todo su propio potencial. El esquema general pivotaba sobre la apertura de un proceso negociador con el Estado. Un esquema agotado. Somos conscientes de que embarcar a nuestra gente y a nuestro pueblo en ese regreso al pasado sería simplemente suicida.

Sin embargo, la reivindicación genérica de la amnistía ha reaparecido en escena y se presenta como una supuesta alternativa a esta lógica de acumulación de fuerzas y también, por parte de algunos, «enmienda a la totalidad» al conjunto de la estrategia que la izquierda abertzale puso en marcha desde su reflexión colectiva que culminó en Zutik EH.
Se entremezclan, por tanto, en esta cuestión, diversos factores de distinta índole. Zutik EH planteó con toda su crudeza esta cuestión y el desarrollo de dinámicas sociales que abran/aceleren la consecución de esas metas intermedias y del Presoak Etxera. El camino está en marcha. El esfuerzo ha sido ingente. Kolosala izan da. Nos autoimpusimos, sin embargo, el problema del reloj y abrimos la nueva fase como una cuenta atrás. Es cierto. Y arrastramos esa carga como uno de los factores más negativos y preocupantes del proceso.

Sin embargo, el avance es evidente en lo que respecta a la resolución de las causas del conflicto, entendiendo por resolución un proceso abierto de oportunidades dentro de un proceso democrático que va a ser muy contradictorio y constantemente saboteado desde la violencia política del Estado y sus estructuras de ocupación y dominación. Es un proceso que avanza hacia la activación de Euskal Herria como sujeto de su decisión democrática que, con su autoafirmación activa, sea capaz de ganar unilateralmente el respeto de los estados a sus decisiones, las de sus instituciones. Decisiones que solo tengan como base de legitimidad el apoyo social que cada proyecto sea capaz de articular.

Por lo que respecta al final de la dispersión, desde el final de la lucha armada y la apertura de una nueva dinámica social y política en Euskal Herria, el enrocamiento del Estado español y su violencia represiva han conseguido un bloqueo generalizado con niveles de sadismo y ensañamiento contra los presos más castigados. Son evidentes los vacíos que esto nos ha creado. Compromisos expresados en lo que fue Gernikako Adierazpena y el Foro Social se han diluido de manera gravísima. Y agentes políticos que de palabra apuestan por desatascar la situación no empeñan ningún esfuerzo en ello, apurando al máximo sus réditos partidistas.

Pero seguimos teniendo claro que la excarcelación y vuelta a casa pasa ineludiblemente por una hoja de ruta co-diseñada y compartida por todos los agentes sociales, políticos e institucionales que plantean y se comprometen a cerrar definitivamente el ciclo de la confrontación. La defensa política global del colectivo de presos políticos vascos pasa primero por el respeto a sus decisiones y a su unidad, tan trabajosamente lograda, mantenida en una situación de dispersión que se extiende hasta dentro de las mismas prisiones. Y segundo, por la defensa del proyecto político que impulsan, y la necesaria actualización de su desarrollo en función de la evolución histórica.

Cierto que imaginamos el final del ciclo de la confrontación abierta/total con un escenario bien distinto. Cierto que el ejercicio de análisis político que supuso Zutik EH le ofrece al Estado la oportunidad del sabotaje en el frente que más nos duele. Pero fue, es, una decisión desde la unilateralidad. Responde al convencimiento propio. Lejos de cálculos a corto plazo, aunque ciertas expectativas hayan tomado un excesivo protagonismo desde el principio. No es el factor tiempo la clave. Por muy doloroso que sea afirmarlo.

Lo decisivo es el factor de dimensión estratégica, es decir, mantener vivo, abierto y creciente el proceso independentista vasco hacia la construcción de un Estado que garantice todos los derechos de la gran mayoría trabajadora, que articule los mecanismos para poder vivir libres, en euskara, en igualdad. Esa es la clave en la defensa integral-política del colectivo y de su aportación política de largos años de lucha.

En ese proceso social, multifacético y diverso, vamos a activar un proceso real de acabar con la dispersión en primer lugar y de excarcelación de los presos y vuelta de los exiliados. Un proceso que será complejo y escalonado, no instantáneo.

Pero acabar con la dispersión y acelerar la salida de las cárceles no puede estar supeditado al logro del decreto de amnistía correspondiente. No se trata, por tanto, de reivindicar el reconocimiento por parte del Estado español de las causas políticas que crearon y alimentan el conflicto político. No podemos quedarnos a la espera de tal terremoto político. En semejante dinámica nos perdemos definitivamente.

Tampoco se trata de recorrer un bucle melancólico de autoafirmación repetitiva, que además solo es aparentemente eficaz en la medida que genera deslegitimación de otras dinámicas y consigue, por ello, presencia mediática de regalo. Menos aún puede servir de base legitimadora para mantener vivo un esquema de confrontación ya cerrado, por agotado.

En la lógica interna de la convocatoria, todos estos factores están por aclarar. Lo que sí está claro es que la amnistía como resolución radical, de fondo, del conflicto político y como excarcelación de todos los presos y la vuelta de todos los exiliados, es referencia activa básica de la apuesta política que el conjunto de la izquierda abertzale impulsa, con sus vacíos y sus fallos, por supuesto. Pero convertir amnistía en mera bandera de enganche y agitación es otro asunto bien distinto.

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