Un experimento a escala mundial
El capitalismo de corte liberal ha entrado en barrena. Ese modelo no le sirve ya al Sistema. La élite de la «inteligentsia» capitalista habla de «resetear» la economía mundial.
Nos encontramos en una encrucijada que va a desembocar, sin duda, en algunas realidades inesperadas. Vengo a resumir aquí una serie de artículos de opinión que he ido escribiendo, en euskara, desde el inicio mismo de la Crisis que estalló a inicios de la primavera del año pasado, en que el cuco nos sorprendió a contrapié.
En primer lugar, me ha sorprendido, y no sólo a mí, la ausencia total de debate sobre la «causa» misma de la crisis sanitaria. El rosario diario de cada mañana versa sobre una letanía de consecuencias de las consecuencias, desgranadas en base a «la versión única», también sin debate. Dicha versión nos la es servida como plato único del día, cocinado al gusto de una élite que aparece cada vez más a la vista en sus cocinas.
En primer lugar están los cocineros de alta alcurnia, las 4 o 5 agencias de desinformación que dan de comer a nuestros medios de comunicación más cercanos. De este modo se siembra una alarma continua en la población, una alarma en base a datos aleatorios sin referencias analógicas de % y demás, que sería lo más lógico y racional. Datos desgranados sin contraste.
Para más inri, estos datos emanan de pruebas de PCR que, como ha declarado el mismo autor del invento, no sirve (no es «específico») para medir la presente neumonía. En efecto, las pruebas PCR dan falsos positivos, según la de medida» que se les aplique (ciclos de 25 o de 45, digamos). Así, se coloque el pistón hacia arriba o hacia abajo, los datos pueden ser interpretados al alta o a la baja. De ahí a la manipulación de datos, solo un pasito
Para más avería, otro banco más de confusión: los llamados «asintomáticos». Es decir, enfermos no/enfermos en transición, o algo por el estilo. O sea, gente sana que ha dado positivo; individuos sanos que están enfermos; o, al contrario, enfermos (contagiados) que están sanos (sin síntomas). Pero como «no» se hará seguimiento de ellos, pasan al almacén de datos. Todo menos reconocer que se trata de «falsos positivos», de datos erróneos de un medidor no apto. Otra rendija más para la manipulación de datos, pues el stock es interpretable a conveniencia del consumidor. De hecho, en la CAV y en Cataluña se interpretaron «datos a la baja» expresamente para las Elecciones Generales. Es decir, para el desconfinamiento de la población votante.
En resumen. Primero, no se habla de las causas; y segundo, los datos que se nos presentan son confusos y no fiables. Pero SÍ que real y grave el desconcierto que producen en la población oyente.
En fin, se habla continuamente de un «virus» misterioso, que según confiesa la misma OMS, no ha sido aislado en ningún laboratorio, ni siquiera en los chinos, según han reconocido recientemente ellos mismos. Todo ello crea una percepción falsa de la realidad; como si se tratara de una cosa venida de Marte. Y de esta guisa, llegamos al meollo de la cuestión: se trata de una «plandemia» engañosa dentro de una pandemia real.
La conclusión a la que llegamos algunos, es que la alarma y la confusión alimentada desde un principio es inducida a propósito, muy a conveniencia de intereses inconfesables. Según se vayan despejando las nieblas secretas, iremos descubriendo lo que ha sucedido en realidad. Hagamos un poco de memoria.
¿Cómo surgió todo esto y cómo hemos llegado a la confusión actual? El «experimento» a que hace relación el título, surgió de la manera siguiente: la OMS (Organización Mundial de la Salud) y las farmacéuticas, siempre de la mano y con línea roja en directo, decidieron declarar el «estado de alarma» sanitaria, previo acuerdo con el Foro Económico Mundial de Davos, a finales de 2019. Se trataba de un experimento previamente ensayado aquel mismo año. Esa declaración de alarma pandémica sacudió y estremeció al mundo global. En dicha alarma se difundieron datos confusos remitiendo a laboratorios y mercados sospechosos de China; y datos sobredimensionados a propósito. Y ahí empezó todo.
Entonces vinieron las vacunas diseñadas ad hoc (¿contra qué concretamente?), y una carrera ridícula de cuál era el mejor postor. Estaba a punto de salir al mercado la «vacuna rusa», ¡qué horror!, y de pronto se interrumpieron los protocolos de rigor que se han exigido siempre (hasta ahora) para experimentar debidamente toda vacuna antes de ser inoculada. Y se decidió inocularla a la población sobre la marcha: experimentalmente. Además, resulta que Pfizer y algunas más son vacunas génicas (posiblemente transgénicas), nunca antes inoculadas en seres humanos. ¿Puede surgir algo bueno de todo esto? Observemos atentamente lo que suceda de aquí a otoño, pero me temo que nada bueno.
Por último, volvamos al tema inicial del «experimento» social. El capitalismo de corte liberal ha entrado en barrena. Ese modelo no le sirve ya al Sistema. La élite de la «inteligentsia» capitalista, que es en realidad la cúpula de todas las élites antes mencionadas, habla de «resetear» la economía mundial. Hablando en plata, se trata de destruir la economía de pequeñas y medianas empresas y de que detenten el monopolio las grandes empresas corporativas. Por ejemplo, de que Petronor, BBVA y compañía sean las encargadas de plantificar en nuestros montes instalaciones eólicas, placas solares, etc., en nombre de la «energía verde», aunque lo de «verde» les interese un comino. El asunto es detentar el poder y la tierra.
Por otro lado, será necesario (para ellos) crear un mercado de trabajo esclavista, más esclavista aún que el actual. Como el Sistema teme una reacción rebelde a sus planes insufribles, seguirá el plan de domesticación social y de «versión única» ensayado con éxito en esta «plandemia». Procurarán acallar cualquier crítica, a poder se ser con la «colaboración ciudadana»; llamarán negacionistas o excéntricos a todo herético (¿pero, quién puede ser tan negacionista como ellos? Nadie, aunque uno se lo propusiera).
No sé cómo se puede nombrar a esta nueva generación de Capitalismo; alguien ha empezado a llamarle «El Capitalismo de la Vigilancia», pero es mucho más que eso. A propósito, creo que ya he mencionado que a este Sistema capitalista y a su escolta de mercenarios no le interesa en absoluto que se debata sobre las «causas» de la pandemia. No les interesa «sacar la conversación». ¿Cómo les va a interesar si son mayormente ellos mismos los causantes de la misma, con sus múltiples desechos tóxicos, que dañan seriamente nuestras vías respiratorias? Mala gente que camina.
Va a ser difícil abrir caminos para esclarecer la situación, pero nos va la vida en ello. Es preciso organizar una reacción ante tanta impunidad, a escala mundial asimismo. A ver quién es capaz (y cómo) de poner el cascabel a este gato erizado.
Mientras tanto, a seguir echando el pulso por la transparencia y la democracia, este sábado al mediodía en Donostia.