Violencia y conflicto a nivel mundial: ¿qué podemos esperar del futuro próximo?
Tanto en el caso ruso como en el iraní, es difícil pronosticar cómo va a ser el futuro. Tanto Putin como las autoridades iraníes, están dispuestos a mantenerse en el poder usando cualquier medio a su disposición, incluyendo el terror y la fuerza bruta.
Continúa la guerra entre Rusia y Ucrania, algo que Vladímir Putin, el presidente ruso, sólo recientemente ha reconocido como «guerra» (durante mucho tiempo, insistía en llamarla una «operación militar especial»). En Irán hay nuevas protestas contra el régimen islamista, protestas que rápidamente se extendieron a comunidades de personas de origen iraní que viven en otros países del mundo, incluyendo el Estado español (yo conocí a algunos de los protestantes en Madrid). El conflicto entre Israel y la mayoría de los países árabes parece interminable. Hay problemas de violencia en varios países de África. Hay tensiones entre Marruecos y el Estado español, y entre Marruecos y Argelia. China continúa disputando si Taiwan es parte de la República Popular de China o es un país independiente, Corea del Norte continúa amenazando al resto del mundo con usar sus armas nucleares. Y la lista de los conflictos y las tensiones continúa.
Yo prefiero enfocarme más, en este artículo, en los casos de Rusia-Ucrania e Irán, porque conozco un poco mejor esos casos que los otros.
La primera vez que yo estuve en Rusia fue en los primeros años de la llegada de Putin al poder como Presidente. Me acuerdo que, incluso entonces (en 2002 y 2003), mucha gente opinaba que, bueno, si consideramos todas sus políticas, Putin iba a ser un buen presidente. Pero también hay que tener en cuenta que Putin empezó su presidencia en 2000, después de diez años de Borís Yeltsin como presidente –alguien que era un borracho y un payaso, y poco menos que entregó los recursos de Rusia o a «oligarcas», o a poderes extranjeros–. Después de diez años así, no es sorprendente que la mayoría de los rusos considerase a Putin como buen presidente. Y desde entonces, él ha usado todos los medios a su mano, que son enormes, para mantenerse en el poder. Lo que me sorprendió incluso en mi primera estancia en Rusia era que muchos incluso decían que, bueno, Stalin, aunque haya cometido «equivocaciones», también fue un buen líder para la que fue la Unión Soviética. Pero cuando vives en un país, ves las cosas de una manera diferente que un extranjero que está en aquel país por un período determinado y que después se va. Para mí, era una experiencia que nunca cambiaría, mi primer contacto directo con la vida diaria de la gente en Rusia, con sus costumbres, con sus maneras y sus diferencias con otros países (de paso, aprendí que hay algunas palabras en persa que vienen del ruso). Es un país que me fascinó desde esa primera experiencia, aunque, claro, tengo que ser objetivo cuando escribo sobre Rusia.
Al mismo tiempo, tengo que admitir que cuando empezó lo que Putin llamaba una «operación militar especial», aunque yo entendía lo que oía desde los países occidentales, también pensaba que los rusos ven las cosas de un modo diferente que el Occidente. Y Rusia también puede tener parte de la razón. Pero las cosas llegaron a un punto que, por ejemplo, cuando Finlandia y Suecia anunciaron que quieren unirse a la OTAN, Rusia puede responder de modo contundente, Yo pensé que «bueno, ¡¿pero qué va a hacer Putin?! ¡¿Arrojar armas atómicas sobre Helsinki y Estocolmo?! Veo cada día con más claridad que de Putin, no se puede descartar ni eso: que de verdad ordene que las fuerzas militares rusas arrojen armas atómicas sobre Helsinki y Estocolmo». Bueno, creo que los Estados Unidos sí que deben desistir de expandir más hacia los países exsocialistas. Cuando Estonia, Letonia y Lituania se unieron tanto a la OTAN como a la UE, Putin aceptó esas decisiones porque los países bálticos son muy pequeños –juntos tienen una población menor que Portugal o Suecia–. Y tampoco tienen tantos recursos naturales importantes. Pero Ucrania fue proveedor de comida para toda la URSS y ahora lo es para muchos países por todo el mundo, tiene una población de más de cuarenta millones y también tiene otros recursos además de los agrícolas. Es un país demasiado importante para que Putin pueda simplemente aceptar que todo está bien y que no importa si Ucrania se une a la UE. Para Putin, Ucrania es un país «artificial» que debe volver a la órbita de Rusia. Según muchos analistas, la intención de Putin desde el primer momento de la guerra de Rusia contra Ucrania era ganar esa guerra y está más que dispuesto a usar cualquier medio para ganarla. Hay dos condiciones que, si se dan, es seguro que Putin use armas nucleares en esa guerra: 1) que tropas de la OTAN entren en Ucrania; o 2) que tropas de Ucrania entren en Rusia. Calculan que Putin quiere prolongar la guerra hasta el invierno, esperando que un invierno frío convenza a las potencias europeas de trabajar por un armisticio y convencer a los ucranianos a mantener una tregua. Si esas condiciones no se dan, hay que ver qué posibilidades habrá para que Putin use armas nucleares.
Otra cosa que me preocupa de Putin es la llamada a la movilización de más de 300.000 rusos que tendrán que ir al frente para participar en la guerra contra Ucrania, porque su alternativa es enfrentarse a diez años de cárcel. Y puede que la movilización no termine allí: Rusia puede llamar a incluso más personas a alistarse. dándoles la misma alternativa de diez años de cárcel. No sabemos cómo va a terminar este conflicto.
La situación en Irán es otro tipo de conflicto, que ya ha resultado en muchísimas fatalidades entre la población civil. En Irán, desde que el régimen actual dictatorial/islamista llegó al poder en febrero de 1979, se ha mantenido en el poder usando cualquier medio a su disposición, incluyendo la fuerza bruta y el terror. Se celebró un referéndum para ver si los iraníes querían un régimen islamista o no; pero la única pregunta en el referéndum fue «República islámica: ¿sí o no?» No se ofreció ninguna alternativa, ni se explicó nada de nada exactamente qué significaba una «república islámica». Claro que durante la Revolución de 1978-1979, había un grupo de radicales islamistas que tomaron parte en las protestas, pero fueron solo un grupo entre muchos, ni siquiera la mayoría. Los iraníes en general tenían muchos ideales respecto a mejoras que iban a suceder en sus vidas; sin embargo, desde entonces, todo ha ido de mal en peor. Al principio, todos querían que se fuese el antiguo Shah; ahora, si uno habla con iraníes en privado, hay muchísimos que dicen desear de todo corazón que vuelva el hijo del antiguo Shah para proclamarse como el Shah nuevo. Sin embargo, es probable que si el régimen cambia en el futuro próximo, el grupo que lo sustituya sea uno llamado los Muyahedin-e Jalq («Guerreros del Pueblo» en persa), que mezcla elementos del islamismo con aspectos del marxismo; así que vamos a seguir teniendo otro grupo islamista en el poder, aunque diferente que el grupo actual.
Y eso es algo que me frustra a mí. Porque no quiero que ningún grupo islamista, en ningún sentido, dirija Irán. Pero también porque en los últimos días, he hablado con algunos manifestantes iraníes antirrégimen en Madrid, y ellos me han dicho que cualquier grupo que llegue al poder sustituyendo al régimen actual, será una mejoría. Pero yo creo sinceramente que no es así: cambio sí, pero no cualquier cambio. No vale que digamos que cualquier grupo será mejor que el régimen actual, porque no es así. No vale cualquier cosa. Justo durante la Revolución de 1978-79, los iraníes también pensaban que las cosas iban a mejorar. No creo que haga falta explicar mucho que no ha sido así.
Cuando el régimen actual llegó al poder en Irán, incluso cerraron las universidades durante más de un año, con los estudiantes perdiendo todo ese año de sus estudios. La razón era modificar el sistema de educación para que fuera más conforme con la política del régimen actual. Así que intentan «construir» unas futuras generaciones con pensamientos más acordes con la política del régimen. Creo que no hace falta explicar mucho que las varias oleadas de protesta que han sucedido desde entonces, son testimonio del fracaso del régimen. Sin embargo, mientras las autoridades continúen usando la fuerza bruta, y continúen teniendo la confianza de las fuerzas militares y paramilitares del país, es difícil ver cómo y cuándo va a cambiar el statu quo.
Las protestas civiles actuales empezaron al morir una mujer de 22 años, Mahsá Aminí, bajo custodia policial solo porque llevaba mal puesto el velo islámico el régimen obliga a las mujeres a llevar en público. La policía la ha pegado hasta matarla. Ella llegó al hospital en coma, y murió. Y esa situación es ridícula porque el Islam solo reguiere que tanto los hombres como las mujeres se vistan «modestamente». Pero en el Irán actual, los hombres pueden vestirse como quieran, mientras que las mujeres tienen que llevar velo y ningún maquillaje. Incluso el régimen admite que al menos 739 personas ya han sido detenidas desde el comienzo de las protestas actuales, 39 de esas personas siendo mujeres. E incluso el régimen admite que al menos 35 personas han muerto ya desde que empezaron las mismas protestas. La ONG Irán Human Rights, basada en Oslo (Noruega), eleva la cifra de muertos a cincuenta. El régimen usa la fuerza militar bruta, y claro, tiene el respaldo del Ejército. El presidente, Ebrahim Raisí, un ultraconservador, dice que va a impedir que «se disturba la seguridad y tranquilidad» del país. Y ese es el término que el régimen usa para las protestas, «disturbios contra la seguridad y tranquilidad». Ha llegado el momento que las mujeres, en vez de llevar velo de un modo sumiso, han decidido quitárselo e ir a protestar en las calles, aunque eso signifique confrontación con la policía. Y según varias fuentes, las fuerzas que están reprimiendo las protestas no son la policía, sino que los «basíy», una fuerza paramilitar que el régimen actual ha instalado para defender más sus intereses –justo como los «pasdarán», otro grupo paramilitar que funciona de modo paralelo con el Ejército, y también fue instalado por el régimen actual para defender sus intereses. Estos grupos paramilitares son mucho más radicales y obedientes al régimen, porque los líderes actuales de Irán, desde 1979, no han confiado mucho en el Ejército del país, poniendo su confianza más en esos grupos paramilitares.
La conexión con internet y WhatsApp son también muy difíciles en Irán estos días. Claro que al régimen no le interesa que la noticia de estas protestas se difunda por todo el mundo vía internet o por mensajes de WhatsApp.
Es frustrante que en el Irán actual, aunque Jomeiní (líder de la Revolución de 1978-79) murió en 1989, todas las autoridades gubernamentales tienen que actuar según sus dictados y mandatos. Por ejemplo, es por eso que todavía sigue en pie la sentencia de muerte contra el autor indio Salmán Rushdie por su libro "Versos satánicos". Es casi seguro que Jomeiní nunca jamás llegó a leer ese libro; pero algún consejero suyo le dijo que lo que Rushdie decía era contra el Islam Chií, la facción del Islam dominante en Irán. Y, por eso, Jomeiní puso una orden de muerte contra Rushdie. Aunque el régimen está ignorando esa orden, nadie, nunca jamás, va a poder anularla, porque es una orden que el mismo Jomeiní puso, y nadie se atreve a anular tal orden.
Tanto en el caso ruso como en el iraní, es difícil pronosticar cómo va a ser el futuro. Tanto Putin como las autoridades iraníes, están dispuestos a mantenerse en el poder usando cualquier medio a su disposición, incluyendo el terror y la fuerza bruta. Lo que cuenta para ellos, es mantenerse en el poder. Ha habido varias protestas tanto en Rusia como en Irán, y en los dos países, los regímenes recurren a la fuerza bruta y el terror. Pero de lo que estoy seguro, es que las oleadas de protestas van a continuar, aunque las poblaciones civiles en los dos países saben que van a enfrentarse a la policía y a las fuerzas militares y/o paramilitares. Y se arriesgan a morir o sufrir años de cárcel. Pero las oleadas de violencia y protesta van a continuar. Y la única manera de que cesen, es que cambie la política de los regímenes en los dos países, y que las autoridades piensen de sus ciudadanos, no solo de mantenerse en el poder a cualquier costa.