¿Voluntad de Dios?
Dicen que R. Prévost decidió llamarse León XIV por considerar a León XIII un referente analógico de su futura actuación. El XIII se llamaba en el mundo Vicenzo Pecci y fue papa desde 1878 a 1903. Firmó la encíclica "Rerum Novarum" (1891 y, también, censuró la lectura de cientos de libros, confeccionando una lista actualizada de libros prohibidos, conocida como "Index Leonianus" (1897). Aproximadamente 4.000 obras condenadas y reeditadas así hasta 1948 por el llamado Santo Oficio, la antigua Inquisición.
En cuanto a lo que supuso la "Rerum", cabe decir que sus resultados fueron inverificables, pues dejado el cambio social se dejó en manos de la caridad de los ricos, y no en la justicia, ya se dirá, entonces, de qué criterio científico evaluativo hablamos. En lo doctrinal, decir que «la persona humana nunca debe ser vista ni utilizada como un medio para un fin», tenía el viejo copyright de Kant. Y su tufo religioso dogmático casaba mal con una tolerancia epistémica ilustrada y las doctrinas políticas con que el proletariado simpatizaba. En la "Rerum" todos se equivocaban menos la Iglesia.
Defender «la propiedad privada como derecho natural, subordinada al bien común», tampoco era original. Estaba patentado por el filósofo John Locke (1632-1704). Plantear «las diferencias sociales de clase como disposiciones de Dios y la limosna como deber cristiano» y establecer que «la cuestión social como problema moral y religioso y debiéndose resolverse mediante la caridad cristiana» era una idea muy evangélica, pero inoperante, anticientífica e injusta.
La encíclica definía el socialismo como monstruo, «un cáncer que pretendía destruir los fundamentos mismos de la sociedad moderna». Con dogmas basados en la Voluntad de un Dios inescrutable, la "Rerum" fardaba de que «la religión es la única que puede arrancar de raíz el mal, pongan todos la mira principalmente en restaurar las costumbres cristianas, sin las cuales esas mismas armas, que se piensa son muy idóneas, valdrán muy poco para alcanzar el bien deseado». ¿El bien deseado? ¿Cuál? ¿Que el patrón se convirtiera en padre cabrón?
En Navarra se dio el caso paradójico de que, sacerdotes imbuidos por la R. Novarum, V. Flamarique y A. Yoldi, serían desprestigiados por el catolicismo de “Diario de Navarra” motejándolos de «comunistas», «socialistas», «modernistas» y «suciólogos». En "Diario de Navarra" la cuestión social era un camelo y no porque «en Navarra haya pobres, acomodados y ricos, cierto, sino, porque ¿no es esta condición insuperable de la Humanidad?». Y siendo asunto de fatalismo se preguntaba: «¿O es la cuestión social, que nace de las condiciones económicas o es la cuestión eterna, que surgió con el primer pecado del hombre que convirtió el mundo en valle de lágrimas y miserias?» (8.5.1908). Conclusión al canto: «el pecado original explica maravillosamente el misterio de las desigualdades sociales, sin el cual nada se explica» ("Diario de Navarra", 28.12.1907). ¿Eso significaba que los ricos nacían sin pecado original? Pues qué bien. Eso lo explicaba todo.
Como inciso, recuérdese que en el Catecismo vigente de la Iglesia se sigue diciendo que «como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana quedó sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al dominio de la muerte, y a la concupiscencia».
El tafallés Atanasio Mutuberría, fundador de la primera caja rural de Navarra, la de Tafalla (1902), también asoció el pecado original con la voluntad divina, sosteniendo que «la Voluntad de Dios es el Supremo fundamento de la desigualdad Social, un principio inspirado por la encíclica de León XIII» (discurso en el Círculo Obrero de Tafalla, 1892)». Si la desigualdad social era fruto de esa voluntad, ¿por qué contrariarla? ¿Y cómo saber si quienes pretendían transformar esas condiciones iban contra esa voluntad? Flamarique y Yoldi recibieron el apoyo del obispo, lo que era un aval divino, pues estos prelados tenían hilo directo con esa voluntad. Así que “Diario de Navarra” no solo la cagó yendo contra las cajas rurales, sino que se ciscó en esa Voluntad y eso que esta, como se vio, tan solo pretendía aliviar un poco los bolsillos de los ricos usureros. Las cajas rurales, acusadas por "Diario de Navarra" de desmantelar esas desigualdades, jamás hicieron tal cosa. De hecho, sucedió lo contrario. Serían las cajitas las que consiguieron que Navarra fuese la última provincia en incorporarse al movimiento sindical de clase en España.
Para esta Voluntad etérea, la existencia de los pobres era legal y estaba en consonancia con el evangelio −«siempre los tendréis entre vosotros»− aunque, luego, condenara a los ricos al infierno con el ejemplo de la aguja y el camello (Mateo 19:24), y al que el escritor Arreola dedicó una sátira en su "Confabulario".
Rebobinado esta historia, conviene constatar que tanto León XIII, Mutuberría, "Diario de Navarra", el obispo de Pamplona, López Mendoza y los curas «suciólogos», creían al alimón en esa Voluntad divina. Lo mismo que el actual papa. Cree en una Voluntad sin la cual nada se explica, ni la cuestión social, como en tiempos de León XIII, ni, se supone, las guerras. León XIV es agustino y sabe bien lo que decía san Agustín en "La Ciudad de Dios": «Los que han emprendido la guerra en obediencia al mandato divino, o de conformidad con sus leyes, han representado en sus personas la justicia pública o la sabiduría del gobierno, y en esta capacidad han dado muerte a hombres malvados; tales personas de ninguna manera han violado el mandamiento ‘No matarás’». Lo mismo pensaban los obispos españoles, firmantes de la "Carta colectiva de los obispos españoles con motivo de la guerra en España" justificando el golpe de Estado de Franco (1.7.1937).
Una situación teológica confusa que León XIV debería aclarar. Muy oportuna su encíclica sobre la IA, pero, ¿no es mucha más enrevesada esa Voluntad Divina? ¿No tratan los obispos a Dios como su IA particular, sin fibra óptica e infinita banda ancha? No sé, pero me da que la fe funciona en una dimensión que, a su lado, la IA es un tosco ábaco.