Agur Lino, maestro
En las primeras horas del 1º de mayo, nos llega la triste noticia de la muerte de Lino Otano, maestro y amigo. Quienes suscriben este sencillo recuerdo, formaron parte de aquella generación de jóvenes que tuvieron la inmensa fortuna de contar con su consejo, con su ayuda y con su mano siempre tendida ante cualquier circunstancia.
No siempre tienes en la vida la oportunidad de contar con una persona que sin pedir nada, de forma altruista y generosa, se entrega de lleno hasta formar parte y parte importante de tu existencia.
Para nosotros, Lino fue maestro, guía, consejero y por encima de todo amigo. Todo ello con la noble sencillez y la serena grandeza que siempre le caracterizó.
Lo ha sido hasta el final de su larga trayectoria, que también va ya siendo la nuestra.
Nosotros estamos seguros de que el recuerdo de Lino perdurará, pero queremos contribuir a su memoria porque lo que fue y sucedió en un tiempo, si no se cuenta, no existe.
Fueron años en los que se vivía peligrosamente. Primeras luchas obreras antifascistas, consiliario de la JOC, parroquia Virgen del Rio, luchas vecinales, homilías, multas, sanciones, amenazas, solidaridad, lucha por el euskara, solidaridad con los presos, compromiso con los más pobres, etc.
Años en que nos enseñaste a oír a los demás y luego a escuchar el silencio de la reflexión y la meditación. «Ver, juzgar y actuar», en un peculiar ejercicio de la mejor dialéctica.
Lino nos enseñó a soñar, una de las mejoras maneras de llegar a la liberación.
Nos enseñó a conocer el dolor y practicar la solidaridad. La lágrima más pequeña le crucificaba.
Nos iluminó para ser resistente en el pleno sentido de la expresión.
Siempre practicó con el ejemplo, su austeridad, su entrega y su generosidad.
Con el aprendimos a pasar del «yo» al «nosotros».
Supimos con él, que el problema no es la desobediencia sino la obediencia; no es la disidencia sino la conformidad; no es la rebeldía sino el conformismo; no es la duda sino la certeza.
Aprendimos a no mirar para otro lado. Con él supimos que la esperanza no se espera sino que se logra y se conquista.
Nos enseñó a decir no a la injusticia y sí a todo lo que merece la pena.
Nos enseñó a pensar y a tomar conciencia de nuestra propia realidad.
Entrañable Lino, nuestro maestro. Viva moneda que difícilmente se volverá a repetir. Conmoción de nuestra vida adolescente. Gozo de nuestra madurez.
Su amistad perduró en el tiempo. Nos casó, discutimos, gozamos, compartimos y sobre todo nos reímos hasta de nuestra sombra con ese humor ático y genial que siempre le caracterizó.
Nuestros diálogos y confidencias fueron casi socráticos. Las visitas que le hicimos en sus últimos días y las confidencias que «sotto voce» nos hizo, nunca olvidaremos por la serena aceptación de su dura realidad de la que siempre fue consciente.
Tenemos al menos la satisfacción de haberle podido decir que lo primero que haríamos tras el confinamiento sería ir a verle, lo que sin duda hubiéramos hecho para nuestro propio gozo.
Lino, amigo y maestro, haciendo uso con tu permiso de uno de los latinajos con que nos obsequiabas diríamos que «Quale principium, talis est clausula». Así como se vive se acaba.
Un maldito virus te ha llevado adelante para nuestra desgracia. Casi clandestinamente. No te hemos podido despedir con abrazo y lo que es peor tu familia tampoco lo que es un dolor añadido a tu partida.
Tu vida está llena de sentido. Has cumplido de sobra. Tu generosidad te colma y nos colma a todos de satisfacción.
A lo largo de tu vida la música fue tu pasión. Considerabas que la música era la lengua materna de Dios. Tus vivencias al órgano era inenarrables. Te hemos visto disfrutar de tus músicos favoritos. En tu última parroquia de Bidaurreta dirigiste un coro y los amigos del Valle de Aranguren, donde también ejerciste de párroco, te honraron dando a la escuela de música tu nombre. Ese también es tu legado.
En fin te has ido pobre como no podía ser menos. Has seguido bien aquella máxima que nos dice que la felicidad es comprender que el suelo sobre el que te has detenido no puede ser mayor que la extensión cubierta por tus pies.
Tú también como el poeta has andado muchos caminos y veredas, has navegado en cien mares y atracado en cien riberas. Siempre has tenido claro quien eras y para que estamos en mundo. Y lo que es mejor, lo has enseñado con tu vida, fiel estampa del Evangelio en que creías. Has sido buena gente y te has ido como el viejo poeta que también eras ligero de equipaje.
Nuestro recuerdo especial para tus hermanas y hermanos y para toda tu familia y amigos que sufren tu muerte con el añadido de no poder despedirte como mereces y como esperamos hacerlo algún día.
Mia Couto nos dice que en Mozambique no se habla de enterrar a los muertos. En su lugar lo que se hace es sembrar los muertos. Como ellos dicen: «somos hijos eternos del suelo y concedemos a los difuntos lo que la tierra entrega a las semillas: un sueño para renacer».
Tu, Lino, viejo roble, así renacerás para nuestra tierra.
Agur amigo. Adiós maestro.