Castigos
Enric Vivanco Fontquerni | Barcelona
16/07/2019

El engaño tarde o temprano sale a relucir. Grecia, que está viviendo un empobrecimiento generalizado gracias al club de los ricos, capitaneados por Alemania, que si montan una instalación eléctrica en un piso, se ha de hacer a través de productos alemanes, que han robado a los griegos, puertos, aeropuertos, empresas de todo tipo, y capital por parte de la benefactora Merkel, que también está en horas bajas. El referéndum, que convocó el tramposo Tsipras, que pensaba que lo ganaría, o sea, que la voluntad de los griegos era tragar su empobrecimiento como si tal cosa, le salió rana, pero como siempre la voluntad de la mayoría se ningunea sin el menor escrúpulo y se continuó con el trágala habitual de los partidos de izquierda, en todo su espectro. Lo poco que se está salvando del atraco generalizado del capitalismo más indecente, es la Iglesia griega, que afortunadamente posee propiedades, que no las regala y mantiene con la sabiduría que da el tiempo, que este latrocinio algún día finalizará. Lo que es desesperante, es que lo que algunos escribían hace años, que lo de Syriza, era una auténtica tomadura de pelo, con todas sus sucursales por Europa, con nombres diferentes, que en algunos casos, los tenemos al lado de casa, y debemos de soportar sus mentiras congénitas. El socialismo, desde el siglo pasado con sus sindicatos domesticados, se sabe que son el capitalismo inteligente, solo hay que escuchar las voces de los empresarios implorando que Catalunya, continúe como colonia, lo mismo que Grecia. La población, lo único que puede hacer es no votar, o castigar a los que han traicionado de forma indecente todo lo prometido. La izquierda, hasta el momento siempre ha fracasado, cuando disponía de estados en Europa, se fundieron de un día por otro, por su inutilidad para dar una mínima calidad de vida a su población, y fue debido a que funcionaban de forma idéntica que el capitalismo, pero de manera más deficiente. Siempre queda China, que con sus campos de formación que tienen encerrados a centenares de miles de personas, de naciones ocupadas. Sólo hay que observar lo que sucede en Hong Kong, que añoran ser colonia inglesa. ¿Se aprenderá la lección? No. Los enemigos de poner el reloj a la hora del siglo XXI, se alimentan desde las guarderías.

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