Con un techo no me vale
Segunda carta de la compañía de la luz. La desorbitada cifra hace que me tenga que sujetar fuerte a la silla de la cocina. Esta, al igual que yo, se tambalea.
Tres meses fue el tiempo que tardamos en encontrar un piso asequible y medianamente decente para pasar nuestro último año de estudios en Bilbao. Tras una búsqueda exhaustiva, navegando entre enmoquetados mohosos, quintos sin ascensor y acogedores zulos (al módico precio de un riñón), damos con un clásico de los pisos de estudiantes: tres habitaciones sacadas del mismísimo rodaje de "Cuéntame". Ahora, tengo un techo, sí, pero con eso no me vale.
Inflación en el precio de los alquileres, en la luz, en el agua, en el aceite, en la leche... ¿Hasta cuándo seguiremos asumiendo con normalidad que empresarios y caseros abusivos se llenen los bolsillos con nuestro pan?