Cri-mi-na-les
En 2003 las fuerzas estadounidenses bombardearon Irak. La decisión de llevarlo cabo fue tomada en las Azores por Georges Bush, Tony Blair y Aznar. Para los mandatarios occidentales, el presidente iraquí, Sadam Hussein, constituía un peligro para la paz del mundo, por la posesión de armas de destrucción masiva en su territorio. Tras el cruento ataque, las tropas americanas invadieron Irak. Dos hechos explican los resultados. El primero, los miles de muertos y heridos contabilizados. El segundo, el descubrimiento de la inexistencia de armas de destrucción masiva. Conocido lo segundo, necesariamente debe dar nombre a lo primero. Los miles de muertos y heridos, fueron niños, mujeres y hombres inocentes, todos ellos a-s-e-s-i-n-a-do-s de forma vil e inmisericorde. Los gobiernos occidentales callaron. Quienes cayeron no eran de su misma raza y ni siquiera compartían el mismo Dios. Llegaron a comprender el error, como una condición fatalista del ser humano.
Pero de forma inesperada, años después, fue Tony Blair quien pidió disculpas. Mintieron (dijo). La matanza la iniciaron sabedores de la inexistencia de las armas de destrucción masiva.
Nadie espere voces de reproche. El mundo occidental sigue sumiso y servil a USA. Mas queda la esperanza de los futuros historiadores, limpios de corazón, quienes contarán los hechos tal cual fueron. La verdad contra la impiedad. Si, como dicen, el futuro es la anticipación del pasado, aventuro llamar cri-mi-na-les de gue-rra a Georges Bush, Tony Blair y Aznar (me resisto a ensuciar los nombres de José y María), en sintonía con Hitler, Mussolini y Franco, entre otros execrables individuos.
(Sobre otras mentiras. Veintidós años después de concluida la guerra civil española, el historiador inglés Hugh Thomas (1931-2017), desmontó las mentiras urdidas por los franquistas. Le siguieron otros historiadores, quienes corroboraron lo dicho por Thomas. Todos ellos denunciaron, por añadidura, los crímenes del franquismo).