Iñaki San Sebastián

Desigualdad: enemigo a batir

 Podemos se acaba de poner a prueba en un acto multitudinario, en la capital del reino. No sé si han sido muchos o pocos, pero si los suficientes para meter un poco de ruido y seguir obligándonos a reflexionar. A la vista de la magnitud del fenómeno, las preguntas surgen con cierta facilidad: ¿ Se puede seguir apoyando un sistema que, con crecimiento o sin él, parece hacer felices a las minorías privilegiadas y  maltrata al resto de la buena gente?. ¿Y si dejáramos de obsesionarnos por la lógica del crecimiento, como mana que todo lo arregla?. ¿Cómo no va a haber otras vías para reducir el desempleo y acabar con el escándalo de las desigualdades sociales?. ¿Por qué se les hace tan poco caso a los defensores de la Bioeconomía, la teoría del decrecimiento, etc.?. ¿ Tan difícil es tratar de revalorizar las actividades socioeconómicas más humanistas, dando la máxima importancia el capital social y biológico, sin menospreciar al capital financiero?. ¿No parece lógico explorar esta vía, cuando cada vez es más evidente que el enemigo a batir es la desigualdad?. ¿ Hasta cuándo, el dinero y el poder, podrán dar la espalda a movimientos sociales cada vez más numerosos y potentes?.¿No habrá que empezar a priorizar el IPS (Índice de Progreso Social), frente al PIB(Producto Interior Bruto)?

Las preguntas, estas y otras muchas más, ahí están. ¿Y las respuestas? Hagámosles caso a quienes aspiran a un mundo más justo e igualitario en el que la solidaridad, y no la riqueza, sea el auténtico signo de distinción social. Esta gente no solo teoriza, sino que propone medidas concretas. ¿Utópicas?. Probablemente son discutibles pero no merecen un silencio despectivo, ni de los medios, ni de los poderes fácticos. Veamos algunas de ellas: Compartir trabajo, aumentar el tiempo de ocio y frenar los despidos. ¿Cómo? Destinando las mejoras en la productividad a la reducción de horarios, en lugar de aumentar la producción; fomentar la relocalización de determinadas actividades como la agricultura campesina, pequeñas industrias de reciclaje y reutilización de productos, etc.; reordenar la educación, la sanidad y la jubilación; reducir el despilfarro energético, buscando nuevos equilibrios entre producción, distribución, consumo; impulsar la reforestación; mejorar la eficiencia del sector público... Suma y sigue.

¿Y dónde está el dinero para hacer todas estas cosas? Pues habrá que buscarlo. No puede ser que, siendo tan abundante esté tan mal repartido. Duela a quien duela, se impone una redistribución de la riqueza, haciendo intervenir la herramienta de la fiscalidad.  Hablar de esto son palabras mayores, así que voy a ir terminando. Un mundo globalizado exige diferenciar la reforma fiscal a nivel nacional, de las medidas fiscales que se han de tomar a escala mundial. Un par de apuntes.  A nivel nacional, no poner tanto énfasis en los impuestos indirectos y fijar más la atención en los directos. ¿Hasta cuándo vamos a estar acariciando tan suavemente a las grandes fortunas? A nivel internacional, evitar que las trasnacionales y el capital financiero sobrevuelen a los Estados-nación, sin ningún contrapeso político. Con la que está cayendo, es una tomadura de pelo que  se vayan de rositas. Si van por esta línea, no les va a faltar trabajo a los chicos de Podemos.

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