Dignidad versus indignidades
«Dignidad», un nombre abstracto que a todos nos gustaría encontrarnos más a menudo, todos los días, concretado en nombres Propios de personas así como de instituciones.
Desgraciadamente, no es el caso, y lo que nos encontramos concretado, todos los días, es la carencia, la falta de dignidad. Empezando por este Gobierno del PP que nos toca padecer, y que en lugar de mirar por el bienestar del ciudadano español, no hace sino mirar a la boca de una ciudadana alemana, a las órdenes de la Banca alemana, para asegurarle que está dispuesto a seguir adelante con la estafa. Siguiendo con las «autoridades» que se han dado cita en la celebración del 200 aniversario de la creación del Tribunal Supremo, el 18-VI-2012, cuyo Presidente, además de serlo también del Consejo General del Poder Judicial, gana 130.000 Euros al año (además de dietas y los pluses que sean), y se gasta 25.000 euros de dinero público para satisfacer sus privados caprichos; y que ha sido pillado en mentira al tratar de justificar ese gasto, dicho sea de paso;. ¡ y encima sus compañeros del Tribunal Supremo lo avalan diciendo que no hay delito en ello!; ¡y la Fiscalía archiva, con el mismo razonamiento, la denuncia interpuesta! Ahí estaba también el Gobierno del PP representado en pleno por su clarividente vicepresidenta, y por el Ministro de Justicia, Sr Alberto Ruiz Gallardón, que, en lugar de actualizar con los medios materiales y humanos que una Administración de Justicia digna de tal nombre requiere para ser justa (agilidad y rapidez, y más jueces, entre otros), nos propone una Justicia igual de lenta, pero más cara, a la hora de apelar, para los que no tenemos bienes de fortuna . O sea: el que quiera justicia, que se la pague. En el sueldo del Presidente del Tribunal Supremo, Sr. Carlos Dívar, y en el de todos sus miembros, así como en la propia dotación económica de dicho Tribunal, puede encontrar dinero el Sr. Ministro para recortar y emplearlo en inversiones que prestigien a la tan desprestigiada administración de Justicia. Porque a la vista está que ni se lo ha ganado con esos fines de semana «caribeños», de jueves a lunes , ni es necesaria, en tal Tribunal, tal dotación que se puede malgastar tan alegremente, «con la que está cayendo», como se suele decir.
También ha estado el que figura como «heredero» de la Corona de España, que no puede argumentar más legitimidad que la que le viene del Dictador Franco, y eso, en una Democracia que se precie, y digna de tal nombre, no es admisible.
Gente indigna, que no se merece estar en ningún puesto de responsabilidad público.