Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

Dioniso

El espectáculo de la apertura de los Juegos Olímpicos fue un ritual eminentemente religioso, a gusto de los liberales, y progresistas mundialistas, que se convirtió en una soflama política, en consonancia con el totalitarismo hipócrita, que jamás reconocen. Unos días antes, la ministra de Deportes francesa, señaló que ir contra los Juegos era ir contra Francia. Por ello todo el espectáculo, organizado por esta ideología, fue absolutamente conductista. Los valores republicanos, que no son universales, aunque el colonialismo que practicaron lo justificaban como progreso, y por la necesidad de elevar a las culturas atrasadas, que se plasmaron en las Exposiciones Universales, encadenando a humanos que consideraban exóticos. En realidad, si se sale del círculo que marcan estos valores, se cae en las tinieblas más insondables. Un conspicuo columnista de "Libération" señala que el espectáculo de París mostró la belleza de las ideas republicanas: inclusión, benevolencia, generosidad, y solidaridad. En fin, todas estas maravillas están en sentido opuesto con los valores de benevolencia cuando excluyen tranquilamente a pocas horas de unas elecciones a más de 10 millones de votantes de su país, y se considera como un gran avance porque no piensan lo que este columnista le parece colosal y es lo que ama. Una de las prioridades de esta ideología es ir contra el racismo, naturalmente cualquier coma en la que se hable del Estado colonialista de Israel inmediatamente se cae en el anatema de antisionista, con la coletilla del horror sin par del 7 de octubre, que para toda esta gente es el Big Bang del problema. Si la libertad guía al pueblo, todo el espectáculo se convirtió en una mercancía que el hombre más rico de Francia, sin ningún pudor, publicitó sus artículos de lujo con la obligación de comprarlos, ya que si no es así, eres un muerto de hambre. Los cantantes estuvieron escogidos porque las descargas en las redes sociales son las más numerosas, lo que implica que lo cuantitativo y la consiguiente compra es el zenit de los valores republicanos, que se convierten en la excelencia única de esta organización de la política universal. Por ello, los liberales y la progresía comulgan con idénticos fines. Su lucha contra el racismo de toda esta gente, tan maravillosa y comprensiva, consiste en que la economía viaje sin freno por todo el Universo, ya que el humano es el factor determinante porque el homo economicus es la virtud fundamental de todo este pensamiento. Por ello, pocos días antes se celebró en diversas ciudades del Estado, incluida en la que yo he nacido, y que la aborrezco en su totalidad, unas movilizaciones en contra del turismo sin freno en el que un participante lo definió de forma magistral: no es turismo, es una colonización. En fin, esta definición, dentro de los cánones y eufemismos tiquismiquis de toda esta gente, es una afirmación racista. Lo que impera es el disimulo, las tribus que no aportan nada, y la bagatela más comercial.

Atentamente.

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