Enric Vivanco Fontquerni | Barcelona

El lenguaje de ciertos funcionarios

Si hay alguna cosa que brilla con luz propia en la travesía del desierto que recorre Catalunya en la actualidad, es la imagen de las diferentes instituciones que configuran lo que se denomina el Estado. El poder judicial siempre se ha utilizado mucho más que la Iglesia, como garante de la inmovilidad, y del castigo ejemplarizado para el resto de los mortales. Las instituciones como objeto palpable solo son edificios, lo que dan vida a los mismos son las personas. Como el gobierno de turno sabe, ametrallar a la población civil en la actualidad es imposible, y se utiliza el sucedáneo más disimulado que es la Justicia. En el momento que un mortal tiene la arrogancia de querer ser juez de los demás, disponiendo de unas herramientas diabólicas que le proporciona el estado de turno, es de lo más evidente que todo este tinglado no tiene previsto el proteger a los débiles, sino precisamente a las clases que se benefician de forma considerable comparada con el resto. Por mucho que se oculte la procedencia de los jueces y magistrados, las estirpes familiares e ideológicas equivalen a robots programados, así, la endogamia es aplastante. También se ha podido constatar la escasa formación de los mismos, comparadas con sus colegas comunitarios. El lenguaje de los humanos hace que la simple corporalidad genere lo que son los seres humanos, Agamben lo explicita en su obra de forma que solo los pensadores de referencia, tienen esta grandeza. El lenguaje escrito que utilizan algunos en las redes sociales, abochornan a la dignidad, no solo de las personas con ejemplos tabernarios completamente machistas, e impresentables. El antropólogo más modesto, sabe ya que es su obligación, que no existen países bananeros en el planeta tierra, lo que sí existe son personas bananeras. 

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