Paco Torre Soberón (Santander)

¿El socialismo real será ecologicamente sostenible?

Siguiendo el comentario de Andrés Ortega Robles, iniciado en el
anterior artículo, en el que afirma que la democracia tangible, es
directamente proporcional al número de espacios públicos de
convivencia (inversamente proporcional al imperio del motor de
explosión). La Unión Internacional para la Conservación de la
Naturaleza (UICN) estima que cada año se extingen entre 10.000 y
50.000 especies. Según la ONU el suministro de comida, medicinas, agua
dulce, la filtración de agentes contaminantes y la protección contra
los desastres naturales, son algunos de los recursos naturales
amenazados por los cambios en la biodiversidad (por el contrario,
resalta la buena protección de Cuba contra los desastres naturales).
Si la desaparición de especies continúa, no sólo la diversidad
biológica, sino también la existencia humana estará en peligro. Hay
que considerar que más de cinco millones de especies -incluídos los
seres humanos- habita la Tierra. Si hubiera que resumir el espíritu de
nuestra época, sería con el concepto «materialismo». El ego
materialista, se siente más real cuanto más tiene. Para él, tener, es
ser. Pero en realidad, no somos lo que tenemos, sino que no tenemos
otra cosa que lo que somos. Un progreso, en la generosisdad,
solidaridad y sabiduría, contribuiría a un mayor bienestar de la
comunidad, y nos llevaría de una sociedad materialista, basada en el
crecimiento económico, a una sociedad postmaterialista, basada en el
crecimiento vital. La ciencia revela cada vez más, que somos seres
sociales y estamos diseñados para relacionarnos, cooperar y ayudar. Es
un hecho comprobado científicamente (permítanme, como yo siempre lo he
intuído) que al avanzar en su civilización incívica, el individuo se
ha hecho más violento y belicoso. La violencia que se ha atribuído a
la naturaleza humana, no existía hace 20.000 años. De hecho, se ha
adquirido en el periodo más reciente de su evolución cultural, por
culpa del mercantilismo. La teoría de la naturaleza como jungla en la
que los seres humanos se debaten en lucha perpetua por la existencia,
y su corolario lógico que es la la agresividad y la violencia
«innnatas» del individuo, no sólo es falsa científicamente, sino moral
y socialmente, poque justifica la violencia. Ya que si la violencia
humana es «innata y natural», el individuo deja de ser responsable y
transfiere su culpa a los instintos. La neurología moderna está a
punto de probar la existencia de una moral innata, en la que se
mantendría el altruísmo social que hasta hace poco tiempo, se
cuestionaba. La existencia innegable de psicópatas, no constituye
prueba alguna de la naturaleza perniciosa de los homínidos. Ni es
cierto que los humanos, sean pervertidos o egoístas por naturaleza. La
característica que más ha tenido a favor la supervivencia, ha sido la
cooperación, no sólo dentro del grupo, sino entre grupos. (Por fin,
«¡encuentro la orma de mi consciencia y sensibilidad!»)

Considerando, que las características y valores ambientales de la
experiencia socialista cubana, fácilmente mejorable en la medida en
que la gente sea consciente de su incomparable dimensión de valores
humanitarios, servirá de estímulo para acelerar la vía
democrático-participativa electoral al socialismo, como ya está
ocurriendo en algunos países latinoaméricanos. Está política,
creativo-reivindicativa, estimulará los movimientos sociales
asamblearios de apertutra y participación ciudadana, como el 15M,
reanimado después del aniversario, por el latrocinio y la prepotente
arrogancia gubernamentales.

Para conocer la «calaña» de la democracia convencional capitalista: La
OSCE acusó recientemente de fraude en las elecciones rusas, que ganó
Putin. Sin embargo, la experta en política rusa Margot Leight,
preguntó a la OSCE: ¿«Por qué no acusó de fraude en los 90 a Yeltsin»?
Por temor a una victoria comunista, tras la caída de la URSS. Está
claro, la democracia capitalista, no resiste ninguna comparación de
valores con la socialista.

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