Josu Iraeta, escritor

Entre curas y brujas

Hace ya algunos años que no se llena la plaza de yeguas y potros «perdidos» durante la azarosa noche. Tampoco es frecuente «como lo era hasta no hace mucho» encontrar paquetes raros, escondidos junto a las «metas» de helecho en los alrededores más o menos próximos.

Sin embargo, sí que aún pueden verse rastros de los paseos nocturnos de los tejones y otros animales, pobladores autóctonos de estos entornos.

Tampoco es raro encontrarse con vehículos pseudocamuflados, llenos de perros, motos y armas, todos ellos al servicio de los viejos «peluqueros de mugas» que tanto abundan, aunque afortunadamente no son autóctonos.

Esta última afirmación me hace pensar que algún día volverán a sus parajes de origen. En fin, que algunas cosas cambian, pero no todas llevan el mismo ritmo.

Si ascendemos por sus laderas y dirigimos la mirada al norte, nos encontraremos con la antena de «Larun», que nos abre las puertas del norte de Euskal Herria, otrora paso obligado de un próspero comercio.

Si continuamos caminando hacia el este, toparemos con «Aitxuria» también llamado «Peña Plata».

Lo que la naturaleza ofrece en estos parajes es verdaderamente magnífico, y si decidimos continuar, y tenemos «suerte» podemos gozar de la compañía siempre agradable y enriquecedora, de alguna «sorgiña» de Zugarramurdi que nos ayude a encontrar hongos.

Los tiempos pasan y no en balde, pues nada es para siempre, ni siquiera para las redes de «Usategieta», que ya no ven ni la décima parte de palomas de hace cuatro o cinco lustros. Tanta es la diferencia, que desde hace algún tiempo hay tanta «paleta» como palomas.

Que los tiempos cambian se observa en todos los aspectos. Antes «teníamos» más curas, más pelotaris, más truchas, más hongos y muchas más palomas.

Esto es Etxalar, el norte del norte. Sin duda, entrañable, pequeño, verde, sano, limpio y bonito.

Aún quedan «rastros» de cuando José María Aznar López correteaba por sus calles.

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