Otra manera de abordar el deporte de élite
El pasado fin de semana hemos sabido que el Amenabar Zarautz de la División de Honor Plata de balonmano (es decir, de la segunda categoría del balonmano estatal), ha conseguido por méritos deportivos, y a falta de una jornada para la finalización de la liga regular, acceder a una de las plazas que dan acceso a participar en el play-off de ascenso a la Liga Asobal. Es decir, que, una vez certificado el descenso del Bidasoa, es casi la única esperanza que le queda al balonmano masculino vasco, resiste ‘Anaita’, de poder seguir manteniendo un puesto en la élite. Os deseo suerte en el intento.
Ello, que de por sí hubiera sido una agradable noticia para todo el deporte vasco, se convierte en algo mucho más relevante si nos atenemos a la forma y manera que este grupo ha accedido a ese lugar de privilegio. No hace mucho tuve el gusto de departir mesa y mantel con algunos amigos zarauztarras, los cuales me explicaron cómo una forma natural de abordar el deporte-base en Euskadi puede servir también para aspirar a cotas deportivas reservadas a unos pocos. Supe que existe un club, el Zarautz Kirol Elkartea, que engloba en su seno 11 secciones deportivas, una de las cuales es el balonmano. Supe que esa sección lleva trabajando casi 50 años, habiendo gestado una cadena intergeneracional que año tras año va dando unos muy buenos resultados a nivel de base, los cuales dan origen periódicamente a resultados de envergadura como éste del que ahora hemos tenido noticia. Supe de sus números, que este año han contado en sus filas con 445 chicos y chicas de Zarautz y su entorno próximo (Orio, Getaria, Aia), distribuidos en 28 equipos (14 femeninos y 14 masculinos), desde alevines hasta senior, siendo el club de Euskadi que más equipos federados en este deporte tiene.
Supe que, por segundo año consecutivo, han tramitado alguna ficha más de chicas que de chicos, con lo que ello significa desde la óptica de la igualdad de sexos. Supe que al inscribirse abonaron 195 euros para toda la temporada, con los cuales se paga todo, seguro deportivo, viajes, arbitrajes, material deportivo y demás incluido. Pero lo que verdaderamente me llamó la atención es que esos 195 euros los pagan también los jugadores que ahora están a punto de ascender a la Liga Asobal. Es decir, que no solo no cobran ni un céntimo, sino que pagan. Solo se libran los que, además de jugar, adquieren la responsabilidad de entrenar a algún equipo de la base. Porque en Zarautz no cobra nadie, ni siquiera los entrenadores de los equipos de la élite (el club milita así mismo en la División de Honor Plata femenina), a pesar del trabajo y la responsabilidad que ello comporta. Supe que toda esta estructura se sustenta en un voluntariado activo que, aunque ellos dicen que hay que seguir fomentándolo y mejorándolo, muchos quisiéramos tenerlo, aunque fuera la mitad, en nuestro entorno próximo. Supe que, además de muchos otros colaboradores, privados e institucionales, cuentan con dos patrocinadores históricos, ‘Construcciones Amenabar, S.A.’ y ‘Karlos Arguiñano Promociones, S.L.’, a los que les estarán eternamente agradecidos, los cuales también son parte activa de esta utopía hecha realidad.
Supe, al fin y al cabo, que no es casualidad que un pueblo de 23.000 habitantes vibre con una cuadrilla de amigos que un día decidieron empezar a jugar a balonmano y ahora están aquí. Supe que los fichajes, cuatro, como les gusta a ellos decir, proceden de lugares tan lejanos como Usurbil, Zumaia, Legazpi e Iruñea (aunque dicen de este último que ya se ha hecho zarauztarra para siempre), y que todos son euskaldunes, pues esa es la lengua que con toda naturalidad utilizan entre ellos, dentro y fuera de la cancha. Supe, a fin de cuentas, y ahora me gustaría que muchos otros lo supieran también, que sí existe otra manera de abordar el deporte de élite, que la utopía sí se puede hacer realidad. Eskerrik asko Zarautz.