Éticas y banca vasca
Podemos descansar tranquil@s, la proximidad al ciudadan@, la identidad nacional y la responsabilidad pública de nuestras cajas de ahorros, nos mantiene a la ciudadanía de la C.A.V. al margen de las tropelías del libre mercado.
Un ejemplo de ello lo tenemos en Kutxabank que vende su extensa variedad de productos a sus clientes con edades comprendidas entre 80-90 años, clientes con bajo nivel cultural, que a duras penas saben leer y escribir, etc.. ¿Por qué no..?, ¿No son personas libre y autónomas..?, ¿No está dentro de la legalidad el hacerlo..?, ¿Quién tiene la responsabilidad de no saber interpretar correctamente la letra cursiva de lo que leen y firman sino ell@s en el ejercicio de su libertad individual?.
Resulta clarificador el caso de las preferentes y la situación de indefensión en la que han dejado a muchas personas.
Ya nos lo dicen reiteradamente los medios de comunicación: tenemos que ser consumidores responsables, no sé a vosotr@s, pero a mí entre trabajar, presentar las reclamaciones correspondientes en las diferentes instancias y leer detenidamente la composición química de los productos que adquiero en el supermercado ¡no me da la vida!, por no mencionar la ignorancia que tengo en la materia.
Pero no nos alarmemos, para evitar tales desatinos y en el colmo de lo absurdo, nos hemos dotado socialmente de un variado elenco de asociaciones de consumidores, defensores del pueblo autonómicos, centrales, europeos y otras figuras creadas por la propia administración. ¿Será una forma de tenernos entretenid@s?, ¿Qué nos está pasando a la ciudadanía? ¿Hemos asumido que somos absolutamente responsables de todo lo que nos ocurra, eximiendo a quienes pagamos con nuestros impuestos para que regulen y controlen de forma efectiva estas situaciones?
Imitando a la administración, nos hemos dotado de múltiples códigos deontológicos, que la mayoría de las veces consultamos para evitar que una determinada actuación profesional no nos salpique legalmente.
¿Qué somos capaces de hacer en nuestros centros de trabajo para eludir problemas, sacar beneficios, trepar o no perder el puesto…? Por supuesto, siempre respetando la legalidad vigente.
Con frecuencia olvidamos una máxima ética que no aparece en los manuales académicos y sirve para tod@s y en cualquier ámbito de la vida: «Lo que no quiero para mí, no lo quiero para el prójimo». Es sencilla, hay que creérsela e intentar ponerla en práctica.