Enric Vivanco Fontquerni

Galileo Galilei

Galileo Galilei, fue condenado por el Tribunal de la santa Inquisición a morir ir en la hoguera, pero se le dio la oportunidad de retractarse y de esta forma salvó su vida. Giordano Bruno no se retractó y el 17 de febrero de 1600 fue quemado vivo, que previamente fueron incinerados todos sus libros. Si hiciésemos la traslación a los políticos en la actualidad sería muy difícil poder incendiar su obra científica o literaria, debido a su inexistencia. Representar a los ciudadanos no es ningún pasatiempo que no obliga a nada, como estamos sobradamente acostumbrados. En las posiciones opuestas, lo habitual es defender a la que se siente uno más próximo y condenar a la que no se participa. Grave error que los padres con frecuencia caen cuando disculpan acciones de sus hijos que son indefendibles. Llevar a término un compromiso político, que significa una ruptura, siempre a lo largo de la historia de la humanidad no ha sido un camino de rosas. Los líderes que son los responsables para en poner en práctica el proyecto deben saber los riesgos que esto implica, y siempre tienen la oportunidad de salirse del guión como otros han hecho. El oportunismo consiste en llegar al final y hacer de Galileo Galilei, que si algo lo disculpa es que pudo contribuir para dejar un mayor legado científico, pero en política así no se funciona. El engaño que será una de las tracas principales de los inmovilistas, en este caso es imposible rebatir, siempre y cuando no se den unas explicaciones muy concretas, y reconocer que no todo el mundo tiene el mismo coraje, ni preparación cultural, ni emocional, para poder llevar a término el proyecto, algo que es muy humano y que se debe aceptar sin el menor inconveniente. Por esto la política del siglo XXI es imprescindible que las consultas a la población sean constantes en todo orden de organización social, política, judicial, económica, cultural, entre otras.

Atentamente,

Enric Vivanco Fontquerni

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