Enric Vivanco Fontquerni | Barcelona

La alcaldesa de todos

Hannah Arendt, al referirse a Walter Benjamín, señalaba que pensaba poéticamente el mundo. No es el caso del nuevo consistorio de Barcelona, ya que en la razón práctica de Weber, reina el puro egoísmo personal, y las decisiones se toman sin la consideración de las personas, que nos lleva a lo más descarnado del «pensamiento humillado» que hablaba Camus. Los pactos legales y el reparto de sillas en los distintos ayuntamientos por mucha retórica que se utilice, es un mercadeo de compra y venta de buenos salarios, y todo lo que se ha dicho previamente, queda en el cajón guardado hasta las próximas elecciones. Barcelona, para nuestra desgracia es el ejemplo más radiante que se pueda dar. Nos llega un fracasado político allende de los Pirineos, que por donde ha pasado, Atila, fue un amateur, y continua con su tarea. Destrozó al partido socialista francés, Macron le puso el veto con buen criterio en este caso. Los que siempre hablan y hablan y vuelven hablar, de las élites, estos los de las plazas, que iban a cambiar el mundo, lo único que han cambiado es su estatus personal, a mejor por supuesto, pero de lo dicho al hecho, es una burla indecente. No es ninguna novedad ya que sus maestros socialistas, ya lo hicieron previamente. Y por fin, se llega a un partido político como es ERC, que eternamente se ha caracterizado por tener unos dirigentes muy justitos para dibujar políticas estratégicas, acompañados de unos supuestos intelectuales, muy ligados a los medios de comunicación y uno de ellos fue conseller y todo, un auténtico plomo de los aburrido que es. Siempre la han pifiado y siguen insistiendo. El marqués de Tarradellas, es su gran gurú, el valedor del posfranquismo del 78, y todavía no lo han defenestrado hacia el infierno más profundo. Su gran lucidez de dividir al independentismo, como ocurrió en la guerra de los generales africanos, hicieron todo lo posible para perder la guerra, como así sucedió, y no han aprendido nada, porque es un partido de perdedores natos, que se regocijaron en la alegría de los torpes, ya que se veían como capitostes en el ayuntamiento y les han dado una patada, como era de esperar y bien merecida la tienen. El gran argumento de ensanchar la base, lo ha experimentado con gran éxito, pero dudo que lo hayan entendido porque les encanta no servir para nada. El problema es que detrás hay unos votantes que los han llevado al estercolero político, o sea a la inoperancia más refinada. El independentismo, solo puede ir unido para ser mayoritario en las instituciones. Si todavía no se sabe que la política del día a día, es siempre la misma para el sufrido ciudadano, es que nos merecemos lo que tenemos. La soberanía del Principat, es el único peligro que tiene la metrópoli, ellos lo tienen claro. Es de esperar que al fin los partidos independentistas busquen el objetivo principal para poderlo llevar a la práctica, sin pretender ser hegemónicos, una vez conseguido el objetivo, tiempo habrá.

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