La biblioteca secuestrada
La biblioteca de Irala es la única biblioteca municipal de Bilbao que lleva cerrada desde mediados de marzo. Bueno, no, desde entonces ha abierto exactamente dos días. Una vergüenza.
Debido a la pandemia y durante el confinamiento se cerraron todas las bibliotecas. En la desescalada se fueron abriendo poco a poco. Las últimas que abrieron, que tardaron bastante en abrir, por cierto, fueron San Adrián, Zabala y Buia. El retraso en la apertura de las dos primeras fue porque son bibliotecas tan pequeñas que no cumplen distancias de seguridad y finalmente las abrieron sólo para préstamo.
Sin embargo, la de Irala, que es una biblioteca amplia, no se abrió hasta el 5 de noviembre. ¿Por qué? Difícil de explicar y, sobre todo de entender.
La biblioteca de Irala está ubicada en la Casa Torre, comparte edificio con la Asociación de Personas Mayores de Irala y se accede por la puerta principal pasando por el bar de la asociación. Un bar que no reabrió porque los ancianos son población de especial riesgo en esta pandemia.
Pues por este motivo la biblioteca ha estado cerrada todo este tiempo. Aunque parezca increíble, no se contempló la posibilidad de abrir la biblioteca sin abrir el bar.
El colmo fue cuando, a mediados de octubre el bar abrió y la biblioteca seguía cerrada. Indignante.
Por fin la abren el 5 de noviembre y la vuelven a cerrar dos días después por el cierre de la hostelería.
¿Cómo es posible que una biblioteca como la de Irala que es la más grande de la zona esté cerrada porque está cerrado un bar? Iríamos más allá si preguntáramos cómo se puede plantear la entrada a una biblioteca a través de un bar. Quizá sea para ahorrarse el conserje. Es más, podrían argumentar que no se abre porque para abrirla haría falta uno. Pues pónganlo.
Háganlo como quieran, pero no dejen a Irala y sus alrededores sin una biblioteca donde poder sentarse a leer aunque sea con aforo reducido, ya que una biblioteca es un bien esencial para promover la cultura y la educación y para reducir desigualdades.