La huelga tiene sentido
Hoy como ayer, se oyen voces que intentan desprestigiar la Huelga General. El argumentario reiteradamente manejado para ello suele ser el consabido de «total, para qué, si no va a cambiar nada...», «los ricos van a seguir siendo ricos y haciendo lo que quieran, hagamos huelga o no», o el más moderno de «la H.G. es un concepto pasado de moda».
Si esta ‘filosofía’ de vida hubiera prevalecido en épocas anteriores, no cabe duda de que estaríamos todavía bajo la bota de los señores feudales y no gozaríamos de ninguno de los derechos que ahora nos parecen normales.
Y este es el quid de la cuestión: que todos estos derechos aparentemente consolidados (empleo digno, educación y sanidad públicas, justicia gratuita, derechos civiles...) están ahora en grave riesgo de ser cercenados por quienes nos gobiernan al dictado de los mercados.
Costó demasiado (cárcel, ejecuciones y huelgas, muchas huelgas...) conseguir este incipiente estado del bienestar como para permitir que nos lo roben impunemente mediante esa nueva arma de destrucción masiva en que se ha convertido el BOE de los viernes de Consejo de Ministros.
La Huelga General es mucho más que un día de paro: son millares de asambleas previas donde se debate todo y con todos; son manifestaciones, encerronas, etc... Es, en definitiva, una toma masiva de conciencia sobre lo que acontece y las medidas a tomar para intentar ponerle freno.
Y no, claro que no va a cambiar las cosas de un día para otro, ya lo sabemos. Pero también sabemos que es un paso determinante al que gobiernos neoliberales, empresarios explotadores y banqueros rescatados le tienen más miedo que a un nublado. Y ellos, sabuesos de buen olfato, no suelen equivocarse en estos temas ¿verdad?