Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

La inteligencia artificial como opresora

El certificado de vacunación cuya utilidad teórica es proteger ciertos espacios de las personas no vacunadas. Es un intento para que un porcentaje de no vacunados vayan ingresando en la mayoría del rebaño, para acabar con la pandemia. No me imagino a los locales pequeños, contratando personal para verificar el documento ya que en la situación en que se encuentran sería más practico cerrar el negocio. También a la clientela de toda la vida, exigiendo la acreditación. En fin, una medida que tiene todas las costuras hecha pedazos.

El problema no es este, sino la incapacidad para apreciar hacia donde nos dirigen estos políticos incompetentes para neutralizar la pandemia, y que solo acabará cuando el propio virus, se canse por aburrimiento. Es de suponer que casi nadie conoce a Andy Wang, ingeniero informático, en detrimento de toda la basura que sale por los medios de comunicación, vendiendo sus propias miserias inventadas. Informó sobre las condiciones de trabajo en China, la de Mao, salvador de la humanidad, con el gran admirador que tuvo en Sartre, este mequetrefe que cuando estaba Francia, ocupada por los nazis, se quedó tan ricamente callado. Este técnico describe la concurrencia feroz que reina entre las empresas, pero también entre los empleados. No es raro encadenar jornadas de 12 horas, seis días por semana. Era el responsable de verificar el control de un sistema informático, elaborado por la empresa de video juego, donde trabajaba. La vigilancia se hace en alta definición, por todos los locales del negocio. La recepcionista tiene que apuntar el nombre de los que van a desayunar, y sus entradas y salidas. Todos los empleados son espiados sistemáticamente. Una aplicación en el ordenador de los trabajadores sigue constantemente lo que están realizando en pantalla. Todo lo que se considera sospechoso queda controlado, y es un argumento para despedir al personal.

Se marchó de la empresa para denunciarlo ya que la presión que tenía la consideraba inhumana. Pero todavía no es suficiente. Por medio del control del iris, se puede apreciar en directo las emociones y se aplica en las escuelas para supervisar a los alumnos. Así se sabe en directo si están en cólera, tristes, sorprendidos, aburridos, dormidos, en fin, tienen el retrato completo de las emociones de unos jóvenes que quedan marcados para el resto de su vida. Es fácil pensar que los entusiastas de la IA, se darán cuenta que los robots controlan a los humanos. Es la esclavitud a la que nos encaminamos silbando con alegría.  

Atentamente,

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