Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

La política burlesca

El café para todos lingüístico, tiene el mismo valor que el reconocimiento de los coros y danzas de antaño. Lo que importa no es que te dejen hablar en lo que denominan desde la CE, lenguas regionales, que con mucha suerte se catalogarán como reliquias a conservar. Poco importa este simbolismo de baratija. Lo sustancial lo que siempre se escamotea, lo que en realidad hacen estas instituciones es negar la gobernabilidad de la voluntad de la población. Ya sé que inmediatamente al proclamar esta necesidad vital para poder conseguir un mundo amable y poca cosa más, es la del populismo y de ser un lerdo simplificador de una realidad complejísima. Desconozco la situación de las lenguas nacionales sin Estado, en otros lugares, pero sí soporto la indignidad que en el Principat, tratan a la lengua que ya de entrada y de forma legislativa impuesta por los otros se escamotea que sea la nacional. Un idioma para que tenga futuro se ha de convertir en necesario, no hay otra alternativa, si convive con otro idioma que tiene un poder político, institucional, y económico superior, tiene los días contados. Negar esta evidencia es la más vil de las mentiras, que se pueda ofrecer. Poder hablar en instituciones imperiales por unos minutos es un fraude a la mínima inteligencia. Conseguir esta miseria es una derrota sin paliativos para el idioma. Es un retroceso porque facilita la argumentación como hace este político amante del óxido de calcio, que somos una minoría en extinción. Sí, lo somos, por desgracia, esta es nuestra realidad, pero no es por culpa de nuestros enemigos, es única y exclusivamente por nuestros entrañables amigos, y por nosotros mismos. No se puede hablar en ningún lugar en Catalunya, que hace 30 años no pasaba, que en las poblaciones, y pueblos medios, o pequeños, el conseguir que te contesten en catalán, es imposible, ya sucede por todas partes. ¿Cuál es el motivo? Muy fácil la política del tsunami. Desde la Generalitat, lleva años despreciando el idioma nacional. La población en Catalunya, en los últimos 20 años, ha aumentado unos 2 millones, no porque las mujeres hayan parido, sino porque han llegado de otros continentes. Toda esta gente les importa un comino el catalán, y cada vez más lo desprecian como idioma minorizado. Ellos no tienen la menor culpa, ya que aprender una lengua requiere un esfuerzo, y un presupuesto que la Generalitat, no lo pone a disposición, y como no se les puede obligar aprender el idioma se convierte en insignificante, y también como se despachan a gusto y cada vez más lo catalogan de idioma racista. Estamos en este estadio. Es inmoral toda esta tramoya propagandística respecto a la traducción simultánea, en el Congreso. El catalán, lo estamos matando entre todos, a cada minuto que pasa. La única solución de urgencia es que sea la lengua imprescindible para poder trabajar. Todo lo demás es ir destruyendo el idioma con la sonrisa de los verdugos, y con el consentimiento de todos nosotros.  

Atentamente.

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