Martin Zugasti Osinaga

La trampa de la sintaxis en el PISA euskaldun

Señor director.

Los análisis detallados del informe PISA han revelado un dato que debería hacer reflexionar a toda la comunidad educativa: el alumnado vasco cuya lengua materna y habitual en casa es el euskara, y que realizó la prueba escrita en este idioma, obtuvo apenas 424 puntos en comprensión lectora. Es una cifra extremadamente baja que sitúa ese rendimiento en la cola de la clasificación, solo por delante de aquellos estudiantes que realizaron la prueba en euskara sin tenerlo como lengua materna en sus hogares, y de Ceuta y Melilla. 

Lo verdaderamente revelador es que no estamos ante un problema de capacidad intelectual o de falta de hábitos de estudio. Este mismo alumnado euskaldun demuestra un nivel elevado y competitivo en materias analíticas como matemáticas. ¿Por qué, entonces, jóvenes que llevan toda la vida hablando y estudiando en euskara se «estancan» de esta forma cuando se enfrentan a un texto escrito en euskara en las pruebas de PISA? 

Apenas se ha abordado una de las razones principales: la fricción sintáctica de los textos evaluados. Gran parte de las pruebas PISA son traducciones de modelos elaborados originalmente en castellano o inglés. Aun cuando la traducción en euskara batua sea impecable desde el punto de vista gramatical, suele calcar la arquitectura de oraciones subordinadas y coordinadas del texto de origen en castellano o inglés. 

Por la propia naturaleza del euskara −donde las subordinadas, los matices y las conjunciones se desplazan hacia la izquierda del sustantivo o verbo−, traducir una frase larga manteniendo el orden del castellano genera una carga cognitiva desproporcionada. Un ejemplo de las pruebas oficiales lo ilustra con claridad: en castellano leemos de forma directa.

«Aunque la vacuna de la gripe no es 100% eficaz, reduce el riesgo de contagio». 

Su traducción al euskara obliga al alumno a retener en la memoria toda la información antes de llegar a la conjunción final: 

«Gripaz kutsatzeko arriskua nabarmen murrizten duen arren, txertoa ez da %100 eraginkorra». 

En la buena prosa en euskara, la claridad y la fluidez se consiguen fragmentando esas ideas en oraciones más cortas y cohesionándolas mediante el uso adecuado de conectores (loturak): 

«Txertoa ez da %100 eraginkorra. Hala ere, gripaz kutsatzeko arriskua asko gutxitzen du». 

Cuando en un examen se impone una sintaxis barroca traducida directamente del castellano o el inglés y carente de esta estructura propia, hasta el propio euskaldun nativo se ve obligado a descodificar el texto palabra a palabra, agotando su memoria de trabajo y penalizando gravemente su comprensión. 

Si queremos evaluar con justicia la competencia lectora de nuestro alumnado euskaldun, las instituciones deben cuidar la arquitectura sintáctica de las pruebas: menos calco estructural del castellano o del inglés y más redacción basada en oraciones ágiles, bien cohesionadas con sus correspondientes conectores (loturak), respondiendo así a la lógica natural de la prosa vasca. 

Atentamente.

 

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