Lavar la mala conciencia
En una ceremonia llena de glamour, con la presencia del Presidente del Parlamento Europeo y algunos primeros ministros en la que se celebraba la concesión del status legal de refugiado a 19 refugiados, es el precedente para que el portavoz del Gobierno Vasco haga pública la llegada de tres emigrantes procedentes de Eritrea, asignados por las autoridades de la UE.
Tres, la cifra es correcta. Es la solución que aportamos a la tragedia de millones de seres humanos que huyen de sus países a consecuencia de las guerras que se declaran entre sí los políticos que lideran los estados y ejecutan militares con armamento sofisticado, causando el horror a masas de personas que huyen en frágiles embarcaciones condenadas a naufragar causando escenas dantescas que la agresiva prensa se encarga de ponernos a diario en pantalla la dosis para provocar el morbo y nos emocionemos con escenas de niños ahogados en las playas o policías que reprimen a madres con bebés en sus brazos tratando de saltar las vallas fronterizas en busca de no se sabe qué..
Los vascos limpiamos nuestra mala conciencia que nos causan las imágenes que toman periodistas que hacen de la tragedia su modus vivendi. También las autoridades europeas y las de los diferentes estados aportan su eficaz ayuda: algunas desplegando en sus fronteras al ejército para contener las avalanchas de los desesperados que tratan de entrar, muchos de ellos que no son «trigo limpio», Cardenal Cañizares dixit. Ahora, pasado el impacto morboso de la noticia, las imágenes de las operaciones de salvamento de náufragos de embarcaciones hundidas ya no son espectaculares. Es lo negativo de las tragedias humanas: inicialmente causan sensación, pero, de tan crueles, nos aburren y dejan de interesarnos, por lo que los medios de difusión tienen que buscar alguna nueva con arrastre para que la fiesta no decaiga.
Los vascos nos sentimos satisfechos porque creemos que hemos contribuido a la solución de un problema que nos es ajeno, pero que nuestro proverbial sentido de la solidaridad nos estimula a participar como lo estamos haciendo: con limosnas apelando a la caridad o denunciando abusos de otros países con cartas a la prensa. Nosotros nos quedamos con tres emigrantes que se sienten agradecidos. Europa con 19, pero ¿se responsabiliza por los más de un millón que se arrastran por toda Europa sin esperanzas?