No todos los valores son compartidos
Se da por hecho que los valores de la progresía viajera, se aceptan sin más por la mayoría de la población. Craso error. Son unos mandamientos que pretenden perfeccionar al ser humano al límite de la santidad. No se pregunta, si la mayoría está dispuesta a sacrificarse por gentes que no conocen. La respuesta existe. ¿Cuál es el motivo real y no las excusas que se ponen para enviar a padres, hermanos, sobrinos, a unas residencias para que no molesten? La vida es corta y las grandes proclamas electorales quedan diluidas en la miseria cotidiana. La tecnología política actual permite una campaña electoral permanente sin descanso, que las empresas publicitarias están encantadas de la vida. Los partidos políticos, o los conglomerados que se van conformando, con nombres rocambolescos, porque sistemáticamente su política propagandística es lo opuesto a lo que practican. Si hay algo que los une a todos sin excepción, es aceptar que hay unas reglas de juego que son imposibles de cambiar.
Esto se podrá comprobar una vez más en Italia. Su economía no se convertirá en cooperativista, continuará en la OTAN, y en la CEE, si sigue viva, que está por ver. Esta ingenuidad que se da por hecho que los votantes piensan que por medio de una papeleta el mundo se trasformará en un paraíso, aunque voten el mil, por mil. Cada vez más esta idea ya no se cree, las abstenciones, votos en blanco, o en negro, o a partidos políticamente incorrectos. Es la única forma cómoda para decir que ya se ha perdido la paciencia. Hay motivos varios y de diferente escala. Uno de los más manidos que la izquierda siempre rechaza, y que nos es de los más determinantes, pero sí que es la gota que se desliza por el recipiente. La alcaldesa Colau, desgrana los apuñalamientos de las pasadas fiestas de la ciudad, para decirnos que no tienen nada que ver con ella. No hay familia que no conozca alguien que no haya cambiado de residencia, por no tener que aguantar a vecinos molestos, a terrazas insoportables, o fiestas piratas semanales. La mayoría no puede cambiar de piso, y se ha de aguantar. Por toda Europa, los barrios de renta más baja, soportan la venta de estupefacientes, consumo callejero, con todos los vendedores navajeros, y pistoleros, que custodian el negocio. Los actos vandálicos de destrozos de mobiliario urbano, vehículos, fachadas y persianas tatuadas por diminutos cerebros.
Los valores de la izquierda son incapaces de solventar estas pequeñas molestias, ya que se centran en los grandes discursos que nunca llegan. Hay una población que va en aumento, que se conforma para que su vida sea soportable cada día, y no padecer grandes sobresaltos, ya que las grandes arengas hace tiempo que no se las creen.
Atentamente