Opinar y (otra vez) ensuciar
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El pasado 15 de febrero se publicó un artículo sobre Eszenika firmado por Alvaro Hilario que recogía opiniones de Carlos Gil en las que citaba de manera insidiosa a Santiago Burutxaga, sin añadir por ello ningún elemento de mejor juicio. La trayectoria del Sr. Burutxaga está desde los lejanos tiempos de la transición firmemente ligada a su pasión por el teatro y su práctica como profesional, activista o incluso como cualificado espectador.
Durante el curso 2003-2004 realizó la primera investigación madura sobre los diferentes factores que intervienen a la hora de pensar un centro superior de artes escénicas en la CAV que marcó un punto de partida para casi todos los trabajos de reflexión posteriores. Junto con las más importantes asociaciones y otros nombres propios del sector fue promotor en el 2005 de la Plataforma por el CSAE, y frecuentemente su portavoz, representante y redactor de sus textos, invirtiendo de forma absolutamente altruista algo más que bastantes cientos de horas procurando el bien del colectivo escénico aún a costa del propio. Si se tratara de un centro superior de crítica teatral al Sr. Gil le parecería lógico ser él mismo consultado sobre su puesta en marcha, y me imagino su reacción si por ello llegara a ser acusado de ‘marear la perdiz’ mientras cobraba ‘algún sueldito’.
Burutxaga y, efectivamente ‘otros”’que en este caso por fortuna parecen no tener nombre, fue requerido con buen criterio para planificar la futura Eszenika por reunir saber experto en educación y en gestión cultural, sensibilidad escénica y criterio contrastado con aquella parte del sector que durante años había reivindicado y logrado con su movimiento que la creación de este centro fuera un compromiso político y acabara en presupuestos del Gobierno Vasco.
Pero él no fue cargo político y me parece totalmente injusto, inexacto y ruin hacerle (y con él a l@s demás) responsable de lo que en absoluto le corresponde cuando, además, me consta le ha preocupado intensamente. Carlos Gil tiene una capacidad crítica que no necesitaría ser adornada con sus usuales alusiones personales que, lejos de legitimar su opinión, ensucia sus argumentos en la misma medida que él quiere hacerlo con aquellas personas a las que se refiere gratuitamente.