Portugal
En plena pandemia nos han estado dando la tabarra de que Portugal tiene unos datos catastróficos con el índice porcentual de muertos y contagiados más alto de todo el mundo.
A pesar de ello, en Portugal han celebrado unas elecciones presidenciales para escoger al monarca, que si al papá, a la hija… Vamos, de una utilidad nula.
Normalmente la abstención suele rondar el 50%, en un Estado que es muy religioso. En esta ocasión con toda la propaganda de medidas profilácticas, con la invitación a votar por correo, han sido los ciudadanos menos creyentes los se han quedado en casa. Ha votado el 40%, que es muchísimo para lo que sirve y con el peligro de contagio que corrían.
Todos los creyentes han acudido en masa, poniendo en riesgo a los que estaban en las mesas, pero a estos les importa un carajo la vida de los demás. Tampoco la suya la valoran mucho.
Ahora el pánico y la tabarra del voto por correo se traslada al Principat. Aquí, por lo menos en la ciudad de Colau las colas son indescriptibles porque nadie vota por correo.
En alguna mesa electoral van a estar los legionarios. Ni en pleno franquismo, con la mili más cutre, pasaba esto. Estarán con la fuerza de una represión digna de Corea del Norte, aclamando a su gran líder.
Sin embargo, no veo por ningún lado al pueblo entusiasmado con esta fiesta maravillosa de la democracia. Nadie con ganas de contar papeletas. ¿No será porque son inútiles? o ¿porque las coaliciones están ya cantadas de antemano?
Perpetuar esta democracia es un peligro para los pobres jóvenes que tendrán que apechugar con una deuda inasumible por culpa de unos empresarios y políticos estafadores.
Lo mejor es quedarse en casa. No jugarse la vida y utilizarla para desenmascarar a estos truhanes.