Salud como banalidad
Sociedades mucho más avanzadas como las que nos ha tocado soportar, hace pocos días en Suiza, por una margen del 51%, en un referéndum, se rechazó una ley que intentaba reducir la emisiones de CO2, a la mitad, en menos de diez años. El único partido que estaba en contra, fue la extrema derecha, junto con los sectores empresariales ligados a la industria del petróleo. Las distintas extremas derechas de Europa, su única misión es afianzar el sistema capitalista, que gestiona con tanto entusiasmo los diversos socialismos del continente. El resultado es incuestionable y se ha de aceptar, hasta la próxima que está al caer, ya que el deterioro avanza de forma imparable. El problema fundamental es la mezquindad estructural de la especie humana. El motivo no fue otro que una hipotética subida del precio del petróleo, que en ningún caso se contemplaba. Hay que recordar que en Suiza, los coches de mayor consumo, son los mayoritarios, un lujo para idiotas. Sabemos que en la primera contención en la pandemia, evitó 2.300 muertos en Francia, por la caída de los niveles de contaminación. A la inmensa mayoría de los simpáticos, y divertidos humanos, les importa un carajo. Observamos que hay que obligar a que se vacune todo el mundo, porque de esta forma (según los optimistas) se puede regresar a la normalidad, tan extraordinaria que gozábamos. Una medida similar es la del Gobierno socialista, al rebajar un impuesto indirecto, de la factura de la luz, por un tiempo limitado, que es el impuesto más indecente, ya que no discrimina ninguna renta. La solución estriba en recaudar menos en la Hacienda pública, para que los rentistas sigan incrementando su patrimonio, y como premio a su vagancia. Las energías, son uno de los epicentros que se han de reformular de arriba abajo. Que sean públicas, no garantiza nada en el sistema corrupto hasta los tuétanos que disfrutamos. Sólo hay que recordar las Cajas, en la que estaban hasta los sindicatos, y toda la sinvergüencería, y latrocinio, con gastos extras, para ridículos incultos. Mientras no se reforme el Estado de derecho, que sólo sirve para inundarnos en la miseria existencial, no hay nada que hacer. Se ha visto y se verá, que las próximas inversiones urgentes, que se realizarán por todo el continente, irán a parar a las trasnacionales, para que sigan incrementando la contaminación, ya que la economía verde, es un atraco, y una estafa, en toda regla. Las enfermedades, y las muertes así lo irán señalando.