Ser feliz no es fácil
El corazón empieza a ir más rápido, sabes que llega una taquicardia. Mi respiración se agita, las manos me tiemblan y empiezo a sudar. Cierro los puños y me digo a mí misma: «Todo va a ir bien». El mundo se me cae encima y quiero gritar, me seco el sudor de las manos en el pantalón, los dedos de los pies se me agarrotan y empiezo a marearme. Serán solo unos minutos, pero se hace eterno. La boca seca y la cabeza grita todo lo malo que puede pasarme.
Es un ataque de pánico, uno de los muchos que tengo a diario. Rivotril en el bolso para esos momentos de ansiedad puntuales y Daparox con cada comida para regular el estado de ánimo.
Mi amiga dentista me dice que son muchas las personas que llegan a su consulta y comentan que toman algún tipo de medicación para la depresión. Que es muy habitual. Y yo me pregunto: ¿Cuándo dejo de ser fácil ser feliz?