Venciendo estereotipos
Resulta bastante habitual en esta sociedad, tan ocupada y poco dada a la reflexión, dejarse llevar por los estereotipos. La televisión y la publicidad además a menudo los alimentan, por lo que no resulta tan fácil para nuestros jóvenes expresar su propio criterio, un criterio distinto en grupo al «políticamente correcto». Algo necesario por otra parte para enriquecer las relaciones. A veces, incluso, pueden ser considerados por ello excéntricos, o simplemente gente rarita.
Sucede, tristemente, que estos «excéntricos» a los que pocos entienden, resultan ser comúnmente los transformadores sociales, los que de alguna manera iluminan a la sociedad para el salto que necesita. Que precisa asentarse sobre ideas absolutamente nuevas, paradigmas distintos.
En mi experiencia de médico he podido ver además, más claramente aún, el riel por el que pretenden conducirnos, saturado de controles para mejorar el servicio que se presta –se dice–, muy necesario y que ha mejorado muchísimo en muchos aspectos, no lo niego, pero no en otros. Centrado excesivamente en lo externo, en aplicar remedios desde fuera que nos mantengan activos y funcionando, arrastrados muchas veces, impidiendo ver así con la suficiente perspectiva la raíz psicosocial de muchas de nuestras enfermedades y dolencias.
En la enseñanza pasa tres cuartos de lo mismo, que con tanta servidumbre al control político, y si se presta demasiada atención a la red wasapera parental, los maestros, si no desconectan y se centran en lo que consideran más adecuado para su función docente, corren el riesgo de ser vapuleados por los vientos estúpidos que corren, y quemarse.