Aimar Arrieta

Vergüenza

España solo se puede definir de una manera: vergüenza. Personas desahuciadas, cargas policiales durísimas, presos políticos y más cosas que, aunque parezca mentira, mantiene en pie este país. 40 años desde la Transición y seguimos igual, parece que el fascismo solo sale volando del Valle de los Caídos y con muchos «nostálgicos» quejándose «pacíficamente».

Si se nace en Altsasu te puede caer una pena de hasta 13 años por agredir a dos guardia civiles fuera de servicio y sin identificar, pero si te apellidas Franco no tienes ni cárcel ni juicio por atropellar dos agentes. A su vez, si te llamas Felipe y te apellidas González y creas un grupo para hacer terrorismo de estado financiado por altos funcionarios del Ministerio del Interior durante los años 1983-1987, no va a ocurrir nada, no obstante si te llamas Carles Puigdemont y llamas a tu pueblo a las urnas para decidir democráticamente la independencia de Catalunya eres un anticonstitucionalista.

Sin embargo que se puede esperar de un territorio en el cual la policía abraza al fascista y golpea al que quiere libertad, no la misma libertad de los «liberales», sino una de verdad. Que se puede esperar de una nación en la que en su artículo 47 de su constitución se dice que todo ciudadano tiene derecho de una vivienda digna y adecuada, y en 2018 hubo 70.000 desahuciados en total.

¿1939 o 2019? 80 años después sigue igual, menos miedo pero igual. Vergüenza, no hay otra palabra mejor con la cual se pueda describir este territorio, donde la dignidad de algunos partidos políticos están como después de la guerra civil sin levantar cabeza.

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