10.000 artefactos políticos y culturales al servicio del país

Una vez concluida la etapa obligatoria de educación formal, la prensa escrita es seguramente el mecanismo colectivo más eficiente para el mantenimiento del nivel cultural y el pensamiento crítico de una sociedad. Aunque el papel ha sido desahuciado hace mucho tiempo, convendría establecer una conjura público-privada para que eso no suceda, porque si alguna de las cabeceras vascas cayera, el ecosistema podría venirse abajo.

«No pasaría nada», dirá más de uno, «siempre quedará internet». Pudiendo ser eso cierto –hasta el futuro de internet está a debate–, se está comprobando que la digitalización total e irreversible de algunas actividades, como la educación, tiene riesgos que merecen un acercamiento más prudente.

Puestos a calcular escenarios, GARA siempre ha sido el medio vasco que podía caer más fácilmente. La espada de Damocles española que amenazaba la viabilidad de este medio desde su nacimiento tenía un doble filo: el puramente represivo y la asfixia económica inducida. Todo ello en un sector con una crisis estructural.

Si editar casi cualquier periódico a día de hoy es una hazaña diaria, sacar 10.000 números de este proyecto roza el milagro editorial. Ese hito, que se alcanza hoy, ha sido posible gracias a la conjugación del compromiso de una comunidad con el esfuerzo y la profesionalidad de un equipo. Ese periodismo se ha desarrollado en un contexto político en el que era indispensable un enfoque propio, alguien que contase lo que otros ocultaban. Medios honestos que desmontasen las versiones oficiales y que planteasen alternativas al fatalismo.

De cara al futuro, esos compromisos se renuevan a diario y se abren a la necesidad de conectar al país, a través de un periodismo de calidad, al servicio de la gente, de la lengua y la cultura vascas, en favor de la libertad.

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