Alivio, horror, incertidumbre y la certeza de que no habrá paz mientras haya ocupación
Existe una disonancia emocional tremenda al ver, por un lado, la alegría mostrada por los y las supervivientes de Gaza cuando se enteraron de que por fin se había logrado el acuerdo para un alto el fuego y, por otro, tener plena conciencia de lo tarde que llega, de la fragilidad del pacto y de que apenas es un respiro. No hay derecho a lo que está sufriendo la población palestina, pero tampoco lo hay a imponerles deseos o intereses ajenos a su realidad. En ese sentido, en este momento, apoyar la causa palestina también es alegrarse de su alegría, con realismo y sin paternalismo.
Ojalá este paréntesis en la destrucción masiva de Gaza sirva no solo para tomar aire, sino para coger perspectiva y fuerzas. Entre la población palestina, entre sus dirigentes y también entre la multitud solidaria que apoya su causa en todo el mundo. Se frenan las hostilidades, pero no la lucha contra la ocupación y por la libertad de Palestina. Ni la causa contra el genocidio israelí y su impunidad, que sigue su curso.
Un camino incierto hacia una «no-paz»
Si todo marcha según lo previsto, lo cual es mucho decir, esta mañana –a las 07.30 horas en Euskal Herria– comenzará el alto el fuego, y pocas horas más tarde se llevará a cabo el primer intercambio de prisioneros. Se dará prioridad a niños y niñas, mujeres, personas mayores de 50 años, así como a quienes estén heridas o enfermas.
La saña mostrada por el Ejército sionista durante estas horas previas al cese el fuego demuestra su voluntad criminal. Cientos de civiles muertos para mandar un mensaje de firmeza y crueldad al pueblo palestino, al resto de países de la región, a la comunidad internacional e incluso a sus aliados.
En esta primera fase habrá un repliegue de las fuerzas armadas israelíes. Las familias palestinas desplazadas, la casi totalidad de los 2,3 millones de gazatíes, podrán retornar al lugar donde estaban sus casas. Por supuesto, solo encontrarán escombros, pero está claro que la inmensa mayoría va a hacer ese camino. Se reabrirán parcialmente fronteras y podrá haber abastecimiento de ayuda humanitaria y una reconstrucción urgente de infraestructuras básicas y sanitarias. En estas condiciones, es difícil marcar prioridades y la logística será muy compleja.
En principio, una nueva ronda de conversaciones comenzará dentro de 16 días. Se supone que en esta segunda fase se negociará la liberación del resto de rehenes en manos de Hamas a cambio de presos políticos, el repliegue de tropas y el control de fronteras. También deberían entrar en la agenda negociadora la interlocución y algunas condiciones para la transición. Es decir, las bases para una incierta tercera fase dedicada a la reconstrucción y el acuerdo.
Mantener el pulso solidario y la presión
Son muchos los factores políticos que condicionan este contexto de alto el fuego: las pugnas dentro del Gobierno corrupto israelí y la deriva del Estado sionista; la restitución de liderazgos, el rearme de la resistencia y la confrontación entre facciones palestinas; la situación de los países de la región y el factor sectario; el desarrollo de los procesos de justicia internacionales; la criminalización de agencias y entidades de ayuda humanitaria; la evolución de otros conflictos; los intereses y antojos de la Administración Trump; la presión de la sociedad civil mundial para el boicot y las sanciones a Israel… La combinación de todos ellos y otros acontecimientos imprevisibles determinarán la suerte palestina.
La sociedad vasca debe mantener su compromiso solidario y presionar para que las instituciones y empresas se sumen al bando de la justicia. Eso, y recordar que una solución justa y duradera vendrá de atender las causas del conflicto y su raíz colonialista.