Aritmética, agenda y valores para avanzar políticamente
17/11/2019

Sin menospreciar ninguno de los riesgos y presiones que tiene por delante el pacto entre PSOE y Unidas Podemos, el mayor peligro que lo acecha por el momento son ellos mismos. Durante el pasado año esas fuerzas se han mostrado incoherentes y volubles. En sus discursos siguen sin asumir del todo las consecuencias de la aritmética electoral, que no se puede sacar de la ecuación al independentismo. Minusvaloran la fuerza de los mandatos democráticos ­que condicionan no solo a ellos, también por ejemplo a Ciudadanos. E intentan negar la evidencia de que el bloque de la derecha solo piensa en decapitarlos políticamente, apoyados sin pudor en los fascistas, y recuperar así lo suyo: «España».

Siendo esto así, el acuerdo express es una vacuna contra las tentaciones necias. Por de pronto, ha resultado una maniobra inteligente que altera el juego y ha dejado a sus principales adversarios fuera de lugar. Aun así, Sánchez ya conoce lo que es que una jugada como esta le salga mal. Su pacto de 2016 con Cs buscaba decantar mayorías y lo amortizó como candidato. Para estas alturas ya debe saber que solo podrá gobernar si es capaz de articular a medio plazo la mayoría transversal que hay al margen del «trifachito». Eso implica respetar lo que han votado las ciudadanías vasca, catalana y galega.

La agenda vasca y sus equilibrios

Tras intentar elevar el precio de su apoyo y meter presión a EH Bildu, los jeltzales van dejando claro que sus votos están garantizados. Siguiendo las tradiciones, el precio será algo que ya firmaron y que no se cumplió. Al confirmar tácitamente que el PNV apoyará sí o sí a Pedro Sánchez, el lehendakari Urkullu señaló como tareas pendientes del nuevo Ejecutivo el impulso de la economía productiva, la inversión en infraestructuras, un cambio «en profundidad» de la reforma laboral, el establecimiento de garantías para el sistema de pensiones y el cambio climático. Se puede criticar que no citó directamente el feminismo, pero sí propuso tejer un «cordón sanitario» frente a Vox para que no se permita «blanquear» sus posturas. También dejó aparte a los presos y presas políticas, y a sus derechos. Más que para ministro español, a veces parecería que los jeltzales opositan a presidente de la Fundación Pablo Iglesias.

Es evidente que semejante diatriba a la izquierda de la socialdemocracia por parte de un líder del PNV tiene relación con su deseo de aprobar las cuentas públicas con Elkarrekin Podemos y con el cálculo de que es ahí donde puede sacar más partido en unas elecciones al Parlamento de Gasteiz sobre las que nadie habla demasiado pero que todo el mundo tiene en mente.

También es la demostración de que las grandes mayorías del país se sitúan en esos parámetros políticos de progreso y democracia. Ese pensamiento es hegemónico en la sociedad y si se busca la centralidad esa es la gran avenida de la política vasca. No obstante, no se pueden obviar sus límites: el techo de cristal democrático impuesto por la Constitución española y un sistema clientelar asociado al desarrollo autonómico. Tras el final de ETA, la tentación del sistema es sumar a este reparto de bienes a quienes se quedaron fuera en los pactos del 78 y a quienes han nacido después. Eso sí, sin tocar las normas; repartir los restos a cambio de lealtad.

Los soberanistas de izquierda no van a sumarse sin cuestionar el sistema. Los morados corren el riesgo de ceder a las tentaciones y a la presión de sus mentores madrileños, tras haber jugado a ser rebeldes frente a la «casta vasca». La ventaja del PNV es que son los que mejor dominan las dimensiones del entramado autonómico y que el sistema tarifario lo establecieron ellos.

Democracia, pedagogía y derechos humanos

Pase lo que pase, Euskal Herria sigue avanzando en una cultura democrática para la que, antes o después, los límites impuestos serán insufribles. ¿Por qué no se puede cambiar esto o aquello? ¿Por qué están presos ellos y ellas pero no el resto? ¿Por qué no se puede decidir qué queremos hacer, cómo vivir, democráticamente?

Bel Pozueta señala dos vertientes de la fórmula para avanzar más. Por un lado, cuidar a quienes apoyan esas demandas, escuchar ese mandato para hacer las cosas bien. Nafarroa ha sido ejemplar en eso. La otra vertiente, pero en el mismo sentido, es sostener la acción política en la democracia, la pedagogía y los derechos humanos. Merece la pena leer la entrevista de hoy en 7K a Ane Muguruza. Ya hace treinta años que mataron a Josu Muguruza, en Madrid. Sí, ellos, los del Régimen.

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