Brexit, puertas abiertas pese a la derrota

Gran Bretaña ha decidido salir de la Unión Europea, lo cual enmienda el viejo dogma que asegura que quien convoca un referéndum lo hace para ganarlo. El error de cálculo de David Cameron, sin embargo, no puede servir de excusa para impugnar la decisión de dejar en manos de la ciudadanía una decisión crucial. A un día de las elecciones, las reacciones de la mayoría de políticos españoles refleja la pobreza de sus convicciones democráticas. Pese al resultado, la lección de Cameron es doble: por convocar el referéndum y por asumir la responsabilidad de la derrota.

Es pronto para anticipar los efectos del Brexit, que probablemente se dejarán notar más en la arena política que en la económica, pese a la primera reacción de pánico en bolsas y mercados. Con una campaña a favor del Brexit liderada por la derecha inglesa y un resultado celebrado como éxito propio por la extrema derecha europea, resulta absurdo y pretencioso defender una victoria de la izquierda opuesta a la actual deriva de la UE. Pero sería equivocado no ver puertas abiertas, empezando por Inglaterra, donde está por ver si el laborismo liderado por Jeremy Corbin es capaz de articular una propuesta capaz de seducir a las clases más desfavorecidas –que votaron por la salida– y a los jóvenes, que votaron mayoritariamente por la permanencia. El vacío de liderazgo en el seno del partido conservador podría ayudar. Las puertas quedan abiertas también para Escocia, donde un segundo referéndum gana opciones, y el Norte de Irlanda, donde podría relanzarse el debate sobre la reunificación como futuro más lógico para la isla. En ambos ganó la permanencia en la UE.

Por último, aunque la correlación de fuerzas en el continente no invita al optimismo, el Brexit obliga a la UE a mirarse en el espejo, cuestionarse sobre el galopante crecimiento del euroescepticismo y redefinirse como proyecto político y social al servicio de la ciudadanía europea. Es decir, empezar a ser lo que siempre reivindicó y nunca fue.

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