El castigo colectivo al pueblo cubano debe acabar
Cuba vuelve a estar en el punto de mira. Nunca dejó de estarlo, en realidad, pero el tándem formado por el presidente de EEUU, Donald Trump, y su secretario de Estado, Marco Rubio, ha redoblado los esfuerzos desestabilizadores en la isla. El secuestro de Nicolás Maduro y las amenazas sobre los dirigentes venezolanos han cortado en seco la llegada de petróleo, lo que compromete el transporte y, sobre todo, la generación de energía eléctrica, un suministro básico para garantizar el bienestar de la población.
La inventiva cubana es increíble. La crónica que hoy se publica en esta edición da cuenta de ello. La dificultad para importar bienes y recambios es suplida, a fuerza de imaginación, por manufacturas cubanas. Desde el periodo especial que siguió al fin de la ayuda soviética en los años 90, hacer más con menos ha sido un imperativo. Con todo, romantizar la escasez es peligroso. La situación que vive la isla es comprometida, los apagones condicionan la vida diaria de la población y ponen en riesgo servicios básicos como hospitales y manufacturas esenciales. Que el Gobierno haya decidido priorizar estos consumos cuando el suministro escasea deja bien claro cuáles son las prioridades de La Habana.
Las causas de las dificultades cubanas son varias, evidentemente, pero quien quiera ver en sus apuros energéticos el fracaso de la Revolución errará el tiro. No tener en cuenta el bloqueo económico impuesto por EEUU en cualquier valoración sobre la realidad cubana, cuyo desarrollo ha sido capado desde hace más de seis décadas, es enormemente ventajista. Este embargo se ha endurecido con la intervención de Washington en Venezuela, la gran aliada de Cuba durante los últimos años, pero por mucho que Trump haya elevado el tono, la bota estadounidense sobre la economía de la isla ha sido una política de Estado compartida por republicanos y demócratas. Fue endurecida y sofisticada, de hecho, durante el mandato de Bill Clinton, con la Ley Helms-Burton de 1996. Es un castigo colectivo a la población civil cubana que contraviene el derecho internacional y debe acabar inmediatamente. Hablar de libertad de elección, mientras tanto, es una fantasía.