Guerra sucia de la CIA vigente en Colombia

El pasado sábado, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, aseguró que, si las conversaciones de paz entre el Gobierno y la guerrilla logran poner fin al largo conflicto de ese país, los fondos destinados actualmente a combatir la insurgencia se dedicarán a las universidades públicas. Sin embargo, para que esas negociaciones fructifiquen, el presidente colombiano tendrá que demostrar sus buenas intenciones más allá de las agradables palabras. Ayer, un día después de esas declaraciones, “The Washington Post” reveló la existencia de un programa secreto de la CIA para acabar con los dirigentes de las FARC y del ELN. No resulta novedosa la implicación de la CIA en la guerra sucia contra la insurgencia en numerosos países, una «ayuda» reconocida, en el caso de Colombia, por el propio Santos, lo cual no quita importancia a  que haya quedado al descubierto una práctica de guerra sucia tan antigua como el propio conflicto.

El programa secreto de la CIA comenzó hace 13 años con el Gobierno de George W. Bush y continuó con el de Barack Obama. Desde que comenzaron las conversaciones de paz en La Habana, el presidente Santos se ha mostrado firmemente partidario de mantener las operaciones contra la guerrilla, y ciertamente no se ha pactado ninguna tregua –si bien actualmente las FARC mantienen un alto el fuego unilateral–; sin embargo, lo que ha desvelado el diario estadounidense no son operaciones con el objetivo de llevar a los guerrilleros ante la Justicia, sino de eliminarlos físicamente por medio de «bombas inteligentes» y de dar formación en «técnicas de interrogatorio» utilizadas contra Al Qaeda. Es decir, guerra sucia. Resulta significativo el hecho de que con Santos en el Gobierno han sido ejecutados más dirigentes de las FARC que cuando gobernaba Álvaro Uribe.

El jefe del equipo negociador del Gobierno, Humberto de La Calle, afirmó que los guerrilleros deberán asumir una serie de deberes, pero también que deben tener garantías personales. Garantías contempladas, precisamente, en el segundo punto de los recientes acuerdos alcanzados en La Habana. Pero totalmente incompatibles con la vigencia del programa secreto de la CIA.

Search